La UAZ y el quiebre de la confianza: diálogo sin diagnóstico no es reconciliación

Una universidad que discute sin diagnosticar amplía la distancia entre sus integrantes. Su crisis es, ante todo, una crisis ética.

La ética como punto de partida

Por: Adolfo Márquez Vera |  Zacatecas, Zac., octubre de 2026

De todas las ramas de la filosofía, la ética es quizá la más necesaria, porque describe el modo en que los seres humanos nos relacionamos. La moral, en cambio, son las reglas que orientan esa relación. Estamos condenados a vivir con los demás, y la única pregunta que queda es si sabremos hacerlo bien. Por eso José Antonio Marina sostiene que los grandes problemas del mundo no son económicos ni científicos, sino éticos; en última instancia remiten a cómo nos tratamos unos a otros.

Aristóteles escribió la Ética a Nicómaco para su hijo, con la intención de que fuera feliz, y le dejó una advertencia que hoy resulta sorprendentemente actual; no confíes en quien no tiene amigos. Detrás de ella hay una idea más profunda. Sin confianza no hay vida compartida posible, y Adela Cortina lo lleva al extremo al afirmar que sin confianza no hay ética, y sin ética no hay relación entre los seres humanos.

La confianza, además, no es un regalo unilateral. Es una relación de ida y vuelta con la responsabilidad; confiar es esperar que el otro haga lo que le corresponde, y ser responsable es hacer lo que los demás esperan de uno. Una sociedad desconfiada no es solamente aquella donde nadie se fía de nadie, sino aquella donde nadie asume la responsabilidad social. Como simple referencia, las cifras que acompañan esta reflexión sitúan la confianza interpersonal en México entre el 10 y el 18 %, y en América Latina en torno al 14 %. Estos indicadores miden cuánto confían las personas en los demás en general, no hacia una institución concreta, de modo que no bastan para describir lo que ocurre en la universidad. Sin embargo, plantean una pregunta que vale la pena responder con datos propios; ¿cuánto confían entre sí los universitarios, y cuánto confían en sus autoridades, en sus procesos y en sus espacios de diálogo?

Una crisis con varias caras

Una universidad pública es, en pequeño, un pacto de confianza. El estudiante espera que se le enseñe bien, el trabajador que se respeten su salario y su seguridad social, y la sociedad que los recursos públicos se traduzcan en formación. La Universidad Autónoma de Zacatecas vive hoy fracturas visibles en cada uno de esos frentes.

En lo institucional, en 2025 la universidad atravesó un proceso de sucesión rectoral marcado por acusaciones cruzadas, en el que ambos bandos denunciaban la injerencia de actores políticos externos. El nuevo rector, Ángel Román Gutiérrez, fue electo con cerca del 57 % de los votos y asumió el cargo en septiembre de ese año. Un proceso de ese tipo, vivido entre la sospecha mutua, deja a la comunidad con una autoridad legítima en lo formal pero con una confianza todavía por reconstruir.

En lo financiero, el propio rector ha reconocido que la UAZ atraviesa una de las crisis más graves de su historia y que no puede resolver sola una deuda de esa magnitud. El adeudo con el ISSSTE, producto de unos quince años de aportaciones sin cubrir, rebasaba los tres mil millones de pesos según reportes anteriores, y la prensa local habla hoy de más de cuatro mil quinientos millones. Tampoco es la primera vez; hace dos décadas la institución ya había acumulado más de mil quinientos millones en deudas de seguridad social. Un problema que reaparece generación tras generación no es coyuntural, es estructural.

En lo cotidiano, entre 2021 y 2026 la universidad registró 72 quejas por violencia de género, de las cuales solo dos terminaron en la destitución definitiva de docentes. A ello se suman paros en unidades académicas, como el de Agronomía, donde los maestros exigían una asignación transparente de las cargas de trabajo. Y en julio de 2026, miles de estudiantes, profesores y trabajadores salieron a las calles para exigir el fin de la violencia en la entidad. Esa movilización demuestra algo importante; la comunidad universitaria conserva la capacidad de unirse cuando el motivo es verdaderamente común.

El quiebre estructural: el grupo por encima del bien común

Lo que enlaza estos hechos es un patrón. La vida universitaria se fue organizando en torno a la disputa entre grupos y no en torno al interés de quienes estudian, enseñan y trabajan en ella. Analistas locales han descrito a la UAZ como un botín atractivo, tanto en lo económico como en lo político. Ya en 2013, en plena crisis, se reconocía en el propio Consejo Universitario que los problemas provenían de gestiones sucesivas y se planteaba revisar el modelo de elección del rector para evitar el reparto de cuotas. El diagnóstico existía hace más de una década. Lo que faltó fue responsabilidad para actuar sobre él.

Aquí la clave ética resulta útil. Si confiar es esperar que el otro cumpla y ser responsable es cumplir lo esperado, quienes disputaron y ejercieron el poder universitario, sean cuales fueren sus siglas o sus grupos, tenían una obligación; convertir la autoridad en servicio a los universitarios. Cuando la conservación de posiciones, alianzas y cuotas pesó más que ese servicio, se rompió la mitad del pacto. La otra mitad respondió como era previsible, con desconfianza hacia las autoridades, hacia los procesos electorales y hacia la propia representación. Ese es el quiebre estructural; la comunidad dejó de creer que la institución existe para ella.

Diálogo sin diagnóstico: la distancia que se amplía

Frente a esta ruptura, lo esperable de una administración es que genere condiciones de reconciliación. Sin embargo, la estrategia de impulsar mesas de diálogo, bien intencionada en su enunciado, corre el riesgo de producir el efecto contrario si se realiza sin considerar la situación real de la universidad. Dialogar no es reunir a la gente en un salón. Dialogar exige partir de un diagnóstico compartido, y ese es justamente el paso que se omite.

Un ejemplo ilustra el problema. La jornada del lunes abre con la presentación de una docente, titulada «La resolución de problemas y el acompañamiento docente como estrategias para fortalecer la formación académica en la Universidad». Ni el tema ni la persona son el problema; ambas estrategias tienen valor pedagógico. Lo que inquieta es el orden de los factores. La propuesta se presenta sin haber revisado el modelo educativo institucional, sin haber examinado el plan de estudios del programa al que se dirige y sin una investigación que explique por qué esa es la estrategia necesaria. No se sabe qué problema se pretende resolver, ni con qué evidencia se identificó, ni si encaja con lo que la institución dice que quiere formar.

Esto no es un detalle menor. Una propuesta sin diagnóstico parte de una intuición, y una intuición convertida en política académica se multiplica en cada generación de estudiantes. Cabe preguntarse, entonces; si no se revisan los fundamentos, ¿no se corre el riesgo de formar a alguien en algo que está mal?. Un modelo educativo desactualizado, un plan de estudios desalineado o una práctica docente que no responde al problema real no se corrigen con más actividades; se corrigen volviendo a las preguntas de origen. Perfeccionar el método de enseñanza sin saber si el contenido y el rumbo son los correctos es ordenar con esmero los muebles de una casa cuyos cimientos están en duda.

El efecto sobre la confianza es doble. Primero, porque quienes esperan respuestas sobre la deuda, la seguridad social, las quejas por violencia de género o la asignación de cargas ven que la agenda del diálogo se ocupa de otra cosa, y lo perciben como una simulación. Segundo, porque el mensaje implícito es que importa más que haya mesas que lo que en ellas se resuelve. La confianza se construye con responsabilidad visible, es decir, con actos verificables que cumplen lo prometido. Un diálogo que no se hace cargo de los problemas que dividen a la comunidad no la acerca; la distancia aumenta justo donde se pretendía reducirla. No se pone en duda la buena fe de quienes participan; se cuestiona el método.

Reconstruir la confianza

Si la crisis es ética, la salida también lo es, y empieza por invertir el procedimiento; primero el diagnóstico, después la propuesta. Para la UAZ eso significaría, como mínimo:

  • Un diagnóstico público y previo que revise el modelo educativo, los planes de estudio y los indicadores de cada programa, de modo que toda propuesta pueda contrastarse con evidencia.
  • Un estudio propio sobre la confianza universitaria, que mida cuánto confían estudiantes, docentes y trabajadores entre sí y en las autoridades, los procesos electorales y los espacios de diálogo. Así las percepciones se sustituirían por datos, y se podría comprobar con el tiempo si las medidas adoptadas recuperan la confianza o no.
  • Agendas construidas con los afectados, incluidos estudiantes, sindicatos, trabajadores y quienes han presentado quejas, y no solo con quienes ofrecen ponencias.
  • Prioridad a lo urgente: la solución financiera y de seguridad social, la atención efectiva de la violencia de género y la transparencia en cargas y contrataciones.
  • Resultados y seguimiento verificables, con acuerdos que se cumplan y se informen, para que cada parte pueda comprobar que la otra respondió.
  • Procesos fuera de la lógica de grupos, desde las elecciones hasta la atención de quejas, con reglas claras y consecuencias reales.

Aristóteles diría que una comunidad sin vínculos de confianza no puede ser feliz. La UAZ todavía puede demostrar lo contrario, pero no lo logrará multiplicando espacios donde se habla sin haber mirado primero lo que está roto. Una universidad que se toma en serio empieza por reconocer lo que está roto antes de decidir cómo repararlo. Ahí, y no en la apariencia del diálogo, se juega el bien común de los universitarios.

Notas y fuentes consultadas

El Universal: «Acusaciones ensombrecen elecciones en UAZ»; «Ángel Román se perfila como nuevo rector de UAZ».

El Congresista: «Rector de UAZ advierte sobre crisis financiera sin solución inmediata».

El Universal: «Universidad de Zacatecas arrastra adeudos millonarios con el ISSSTE». El Sol de Zacatecas: reporte sobre adeudo superior a 4,500 millones de pesos (septiembre de 2026).

El Sol de Zacatecas: «UAZ acumula 72 quejas por violencia de género y solo dos destituciones»; «Estudiantes se suman a protestas en Agronomía de la UAZ».

Ejecentral: «Miles de estudiantes de Zacatecas exigen un freno a la violencia» (julio de 2026).

Quadratín México: columna «Visión financiera» (opinión). La Jornada, 28 de agosto de 2013: sesión del Consejo Universitario de la UAZ.


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