Denuncia desde el miedo irregularidades en STUAZ

Dejaremos este texto de manera anónima debido a las posibles represalias que pudiera ocasionar. No es miedo a expresar lo que pensamos; es precisamente el miedo a las consecuencias lo que nos ha obligado a permanecer en silencio durante tantos años.

Soy una de las personas que, por mucho tiempo, se ha mantenido al margen de lo que ocurre dentro de nuestro sindicato. Llevo aproximadamente 15 años formando parte de él y, después de muchos años de eventualidad, hace poco finalmente obtuve mi base.

Pero para llegar hasta ahí tuve que pasar por suplencias únicamente durante temporadas vacacionales; después, por días sueltos, en los que podías permanecer esperando todo el día con la esperanza de recibir una llamada y, de un momento a otro, enterarte de que a otra persona eventual le habían dado el trabajo. Mientras tanto, veía cómo personas con la misma antigüedad en la eventualidad ya tenían acceso al pago de vacaciones y al seguro médico.

También supe de casos en los que, por estar embarazadas, simplemente se les dejaba de llamar. O personas que, por comentarios, rumores o conflictos personales, dejaban de recibir trabajo, sin importar que detrás de ellas existiera una familia que dependiera de ese ingreso.

¿Existen preferencias? Sí. Y quienes hemos vivido la eventualidad lo sabemos.

Hay personal que apenas acaba de ingresar a la bolsa y no deja de recibir oportunidades, mientras que a otros se les cierra la puerta. También resulta doloroso observar cómo, en ocasiones, quienes menos cumplen con su trabajo son precisamente quienes reciben mayor protección, mientras que quienes cumplen, apoyan y permanecen al frente tienen que enfrentar obstáculos incluso para aspirar a un cambio de categoría.

Hoy también nos toca ver cómo algunos obtienen una base sin contar con la antigüedad que a otros se nos exigió. Personas que no tuvieron que recorrer el mismo camino, que no tuvieron que esperar años, que no tuvieron que demostrar una y otra vez su compromiso para finalmente conseguir una oportunidad.

Y no se trata de negar oportunidades a nadie. Se trata de pedir igualdad, transparencia y respeto por quienes durante años hemos trabajado y luchado por ellas.

También es triste observar cómo algunas personas que durante tantos años conocieron de cerca las necesidades de los trabajadores, hoy generan temor entre quienes queremos expresar nuestra postura.

Porque eso es lo que existe dentro de nuestra comunidad: miedo.

Miedo a hablar.
Miedo a cuestionar.
Miedo a expresar una inconformidad.
Miedo a que descansen a nuestro eventual.
Miedo a que nos nieguen un préstamo, un apoyo de las cuentas individuales o de la caja de ahorro.
Miedo a perder una oportunidad laboral por simplemente decir lo que pensamos.

Y así terminamos confiando a ciegas, aceptando como un favor aquello que en realidad no es un regalo, sino un derecho que hemos ganado con nuestro trabajo.

No deberíamos tener que agradecer como un privilegio aquello que nos corresponde.

Hoy estamos poniendo en riesgo nuestro futuro laboral. ¿Dónde está la lucha por una jubilación justa para quienes apenas hemos obtenido una base? ¿Dónde está la defensa de quienes llevan más de 30 años trabajando y todavía tienen prestaciones pendientes? ¿Dónde está la lucha por recuperar salarios dignos?

Llegamos al punto en el que se habla de luchar por un salario mínimo, cuando nuestra lucha debería ir mucho más allá. Antes, el salario de la UAZ era reconocido por ser competitivo; hoy vemos cómo se queda por debajo de otros sectores y dependencias.

No se trata únicamente de pedir más dinero. Se trata de defender la dignidad de nuestro trabajo, nuestras prestaciones, nuestra estabilidad y nuestro futuro.

También necesitamos volver a exigir que se cumplan nuestros estatutos y nuestro Contrato Colectivo de Trabajo. Ese contrato que alguna vez representó una verdadera defensa de nuestros derechos y que, con el paso del tiempo, corre el riesgo de reducirse cada vez más.

¿Hasta dónde vamos a permitir que se pierda aquello que durante décadas costó trabajo conquistar?

Estamos perdiendo derechos poco a poco, mientras permanecemos callados y permitimos que unos cuantos decidan por todos.

Lo más triste es que muchos sabemos que algo no está bien, pero preferimos guardar silencio por miedo a las consecuencias.

Quizá por eso este texto tenga que ser anónimo.

No porque no tengamos voz, sino porque todavía no nos sentimos libres para utilizarla.

Ojalá algún día podamos hablar sin miedo, cuestionar sin represalias y exigir sin tener que preocuparnos por perder aquello que por derecho nos corresponde.

Porque un sindicato debería representar y defender a sus trabajadores, no hacer que sus propios trabajadores tengan miedo de hablar.

Y quizá somos pocos los que hemos comenzado a quitarnos la venda de los ojos, pero mientras más personas se atrevan a mirar, cuestionar y exigir transparencia, más difícil será seguir haciendo como si nada estuviera pasando.


Descubre más desde MiriamSerranoNoticias

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.


Subscribe to my newsletter

Deja un comentario

Descubre más desde MiriamSerranoNoticias

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo