Diego Varela de León
El día de antier 21 de septiembre se celebró el día internacional de la paz, un año más que nos deja mucho aprendizaje sobre los diferentes aconteceres que se han suscitado desde la última celebración, es decir desde el año 2025, y comento esto porque debe ser un llamado a la reflexión sobre lo que estamos construyendo desde la individualidad, así como en lo colectivo, y para muchas personas en su opinión podrán asentar que seguimos viviendo en un mundo de turbulencias, agitación incertidumbre y desasosiego derivado de tantos factores tanto internos como externos en lo individual y lo colectivo, por ello la urgencia de poner manos a la obra en generar entre todas y todos entornos de paz y sana convivencia tanto individual como colectivo, y eso inicia por la capacidad de cada persona tenemos para dirimir entre lo que es bueno para sí mismo y para la colectividad.
“Actuar ahora por un mundo pacífico” es una de las consignas promovidas por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para la celebración del Día internacional de la Paz. La fecha fue establecida en 1981 y se había fijado para el tercer martes de septiembre de cada año, pero a partir del año 2001, la Asamblea General decidió que, a partir del año siguiente se conmemorara cada 21 de septiembre. En dicha declaración está dirigida a la celebración y observancia de la paz de todos los pueblos. Y el propósito es el cese del fuego y la no violencia en todo el mundo, alentando a todas las naciones y pueblos a cumplir con la suspensión de hostilidades durante cada jornada.
La violencia en sus diferentes manifestaciones tiene un impacto generacional, ya que los niños que son testigos de la violencia en el hogar, la calle, la escuela o en las redes sociales tienen un mayor riesgo de experimentar violencia en sus propias relaciones y de desarrollar problemas de salud mental en el futuro al reproducir patrones aprendidos. De tal suerte que cada día es una nueva oportunidad para que en todos los espacios desde la casa, la escuela, la calle, las redes sociales y los puntos de encuentro social, se aborde el tema de la construcción de paz en todas las esferas de desarrollo humano para prevenir consecuencias posteriores. Y el mejor instrumento para ello es la educación para la paz, la cual debe orientarse a imbuir entre algunas habilidades con las emocionales, como la capacidad del diálogo proactivo y positivo, manejo pacífico de conflictos, participación proactiva, respeto a la diversidad y construcción de relaciones protectoras. Y estas acciones pueden articularse con la prevención adecuada y mecanismos de atención y generar círculos virtuosos de paz en todos los ámbitos de nuestra cotidianidad.
Entonces pues en términos sencillos la cultura de paz es el conjunto de valores, actitudes y comportamientos que reflejan el respeto a la vida, a la persona humana y a su dignidad, a todos los derechos humanos, el rechazo a la violencia en todas sus formas y la adhesión a los principios de libertad, justicia, empatía, tolerancia y solidaridad entre otros tantos, así como la comprensión tanto entre los pueblos como entre los grupos y las personas.
De tal suerte que la cultura de paz son todas las acciones que promueven la pacificación, una cultura que incluye estilos de vida, patrones de creencias, valores y comportamientos que favorecen la construcción de la paz y acompañan los cambios institucionales que promueven el bienestar, la igualdad, la administración equitativa de los recursos, la seguridad para los individuos, las familias, la identidad de los grupos o de las naciones, sin necesidad de recurrir a la violencia, por ello es más que loable e inaplazable que la educación sea el cimiento de una nueva cultura de paz, donde la paz transcultural se nos presenta para educar en una cultura neutral que implique un cambio de actitud, donde se pueda educar en un marco de valores universales que promuevan el respeto al pensamiento, a la expresión y a toda forma de vida.

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