EL PRIAN NUNCA DEJÓ DE EXISTIR

Saúl Monreal Ávila

Hay fotografías que dicen mucho más de lo que sus protagonistas quisieran. La imagen de Vicente Fox y Alejandro Moreno juntos, en la sede del PRI, tiene precisamente esa característica. No necesita demasiadas explicaciones: basta verla para que la memoria política de México comience a hacer su trabajo.

Porque Fox no es cualquier panista, es el hombre que en el año 2000 llegó a la Presidencia de la República con la bandera de sacar al PRI de Los Pinos, después de más de siete décadas de gobiernos priistas. Y Alejandro Moreno tampoco es cualquier priista: es el dirigente de un partido que durante décadas presentó al PAN como uno de sus principales adversarios.

Por eso resulta inevitable preguntarse: ¿qué pasó con aquella vieja confrontación entre PRI y PAN? La respuesta está en la historia, mucho antes de que aparecieran las coaliciones electorales con nombres como Va por México o Fuerza y Corazón por México, ya existían acercamientos entre ambos partidos. Después de la elección presidencial de 1988 comenzaron a hacerse cada vez más visibles los acuerdos políticos entre el gobierno priista de Carlos Salinas de Gortari y sectores del PAN.

Fue entonces cuando apareció en el vocabulario político mexicano una palabra que quedó para la posteridad: “concertacesiones”, el concepto resumía la percepción de que el PRI, desde el gobierno, y el PAN, desde la oposición, podían sentarse a negociar espacios, decisiones y salidas políticas cuando así convenía a ambas partes, Diego Fernández de Cevallos fue entonces uno de los personajes fundamentales en la interlocución del PAN con el gobierno salinista.

Y es que no les importan ni la ideología, ni los supuestos principios, solo les importa unirse para obtener votos, no les interés el pueblo, la gente, por eso mismo, la gente los rechaza cada vez más, con los años, aquella cercanía dejó de ser solamente una serie de acuerdos políticos y legislativos. Terminó transformándose en una alianza electoral abierta.

Y ahí está la paradoja, el PAN que derrotó al PRI terminó aliándose con el PRI para intentar derrotar a Morena, la explicación puede encontrarse menos en la ideología que en la aritmética electoral.

Durante años, PRI y PAN tuvieron suficiente fuerza para competir por separado. Hoy el escenario es diferente. Ambos han perdido posiciones, territorio y una parte importante de su capacidad de convocatoria. La realidad electoral los ha obligado a reconocer algo que durante mucho tiempo parecía impensable: por separado son más débiles que juntos.

Por eso la fotografía de Fox y Alito tiene un valor político que va más allá de sus protagonistas. Es el retrato de dos fuerzas que alguna vez se presentaron como alternativas distintas y que ahora vuelven a encontrarse porque comparten un adversario y una preocupación: su propio debilitamiento.

No es la primera vez que ocurre. Tampoco será, probablemente, la última, la historia política tiene esas ironías. El PRI y el PAN pasaron de ser adversarios irreconciliables a negociar; de negociar, a coincidir; de coincidir, a coaligarse. Y ahora, nuevamente, buscan construir una ruta común.

Quizá por eso aquella expresión que durante años fue utilizada como crítica política: son el PRIAN vuelve a cobrar fuerza cada vez que aparecen fotografías como ésta.


Descubre más desde MiriamSerranoNoticias

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.


Subscribe to my newsletter

Deja un comentario

Descubre más desde MiriamSerranoNoticias

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo