Saúl Monreal Ávila
Este día primero de septiembre de 2026, se instaló el congreso general, con ello comienza un nuevo periodo ordinario de trabajo tanto para los diputados como para los senadores. México entra en una nueva etapa legislativa, los tiempos que vienen no serán de trámite ni de rutina: serán tiempos de consolidación. Hay reformas pendientes, transformaciones que deben profundizarse y compromisos que todavía tienen que convertirse en leyes, instituciones y derechos efectivos para la población.
Nosotros sin duda continuaremos construyendo el segundo piso de la Cuarta Transformación con firmeza, con visión de Estado y, sobre todo, con resultados porque los grandes cambios no se decretan de un día para otro; se construyen con voluntad política, con argumentos y con la capacidad de alcanzar los consensos necesarios entre las fuerzas progresistas de nuestro país.
Pero nadie debe confundirse, la discusión legislativa no ocurrirá en un vacío político, pues frente a nosotros tendremos a una oposición que, además de que está, desde ahora, moralmente derrotada, atraviesa una profunda crisis de credibilidad y de respaldo ciudadano. Los resultados y las tendencias políticas hablan por sí mismos, difícilmente encuentran simpatías suficientes para levantar cabeza y la gente ya no los quiere ni los respalda en los estados donde habrá elecciones en 2027; es decir, también pronto estarán electoralmente acabados.
Y precisamente por eso debemos estar atentos, porque como ya hemos visto, cuando la oposición pierde argumentos, pierde respaldo y pierde rumbo, y se convierten en provocadores. Ya hemos visto actitudes ofensivas, violentas, hipócritas y profundamente irresponsables, algunos están dispuestos a todo con tal de engañar al pueblo y recuperar privilegios que la ciudadanía decidió quitarles en las urnas.
Incluso han llegado al extremo de buscar en el extranjero lo que no pueden conseguir con el respaldo de los mexicanos, pretenden convertir a Estados Unidos en árbitro y juez y parte de nuestra vida pública, como si desde fuera de nuestras fronteras pudieran decidir el destino de México.
Y eso no lo vamos a permitir, México es una nación soberana, sus problemas los resolvemos los mexicanos y sus decisiones corresponden a sus instituciones, a sus leyes y, fundamentalmente, a su pueblo.
Nosotros no vamos a responder con gritos ni con provocaciones, vamos a responder con la ley en la mano, con la fuerza del derecho, con la razón y con resultados, vamos a demostrar que existe una diferencia enorme entre ellos, que defienden intereses particulares y nosotros, que trabajamos por el bienestar de las mayorías.
Las reformas impulsadas durante este proceso de transformación no han sido ocurrencias ni caprichos. Han ampliado los derechos, fortalecido al Estado, recuperado capacidades públicas y colocado en el centro a quienes durante décadas fueron relegados.
Que nadie tenga duda: vamos a legislar con firmeza, a construir los consensos necesarios y a defender la soberanía nacional. Frente a la provocación responderemos con argumentos; frente a la mentira, con resultados; frente a la subordinación, con soberanía.

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