Uno de los orígenes de los sistemas económicos del delito

Diego Varela de León

En incontables ocasiones y dados los múltiples acontecimientos que pasan en el día a día, nos preguntamos el porqué de los aconteceres que se tornan en barbarie con una notoria falta de humanidad en todos los sentidos, y en torno a esto, una de las múltiples respuestas es que desde hace varios años para ser más precisos finales del siglo XVII y principios del XIX el mundo entró en una época en la conformación de nuevos hábitos y costumbres, donde las personas sufrieron una transformación radical que pasó de una modernidad a una posmodernidad que sin duda modificaron los estilos de vida, usos y costumbres que permearon a nivel global, acarreando entropías sociales como el tema de la economía del delito.

Lo anterior fue derivado de los procesos de producción y distribución que fue construyendo poco a poco al individuo posmoderno, orientado a ser una persona altamente consumidora, hambrienta de nuevos objetivos, ávida de competencia y distinción de clases sociales mediante la explotación de su estética, con anhelo de renovación inmediata pero sin esfuerzo, y otras tantas ocasiones en muchas personas con orientaciones de ilegalidad con un sentido de vida dudoso, con una existencia vacía y carente de voluntad propia al hacer la voluntad de otros (los dueños del dinero), y por supuesto que esos cambios globales no tardaron en permear en nuestro país que no estuvo exento de dichos cambios que la globalidad le imponía desde fuera y adoptar ese nuevo sistema, y evidentemente la transformación de su sociedad que aunque lenta en comparación con los países llamados de primer orden pero al final del día algo que en nuestros días está presente al igual que en las grandes ciudades, y obviamente estos cambios se hicieron más notorios en los últimos años donde se ha intentado seguir el camino de los países desarrollados sin conseguirlo del todo, nuestra sociedad a tratado de copiar estilos de vida que muchas ocasiones son difíciles de lograr, sobre todo en un país que hasta hace unos años era considerado en vías de desarrollo donde la hegemonía (pri-pan) política duró más de ocho décadas, donde los gobiernos capitalistas y neoliberales protegían más los intereses de los burgueses y obviamente casi nadie estuvo excluido de ser presa de ese sistema que fue más que buenos de malos resultados en política económica y social, siendo pues el posmodernismo una de las causas de los altos indicies de criminalidad y de la formación de criminales en México desde hace varias décadas que fue el inicio de todos estos problemas que estamos viviendo en nuestros días.

Haciendo un poquito de historia y en descargo de lo antes asentado, desde la segunda mitad del siglo XVII y principios del siglo XIX  se llevó a cabo la Revolución Industrial, la cual comenzó en Gran Bretaña y posteriormente continuó en el resto de Europa, periodo en que se dieron grandes transformaciones socioeconómicas, tecnológicas y culturales, es decir la Revolución Industrial fue la causa de la industrialización, y se habla de industrialización para referirse a cualquier modelo de sociedad muy desarrollada, en el siglo XIX  Estados Unidos de América sufrió un acelerado proceso de industrialización donde surgieron grandes y poderosos magnates como J.P. Morgan, Cornelius Vanderbilt, Andrew Carnegie, Henry Ford, John D. Rockefeller sólo por mencionar algunos, mismos que dieron la forma actual del modelo capitalista y neoliberal y por ende del modo de vida que moldeara una nueva idea de estado, desde el auge de las vías ferroviarias donde uno de los pioneros fue Vanderbilt hasta las líneas de ensamblaje diseñadas por Ford. Después del auge del capitalismo que trae al neoliberalismo con la intención de proponer un nuevo sistema económico con la “consigna” de que no se volviera a repetir una depresión económica como la de mil novecientos veintinueve mejor conocido como el jueves negro.

Lo anterior y a pesar de los rezagos en muy diversos aspectos de nuestros país, esos no impidieron la entrada de nuestra nación a los nuevos sistemas económicos que actualmente rigen al mundo, pues la supuesta necesidad de un crecimiento social, cultural, tecnológico y económico oriento al gobierno de Salinas de Gortari en 1993 a firmar el mal tratado de libre comercio (TLCAN) el cual fue mortal para la economía interna de nuestro país pues condenó a miles de pequeñas empresas al cierre definitivo dejando todo en manos de las grandes compañías transnacionales, y con la entrada de nuevos objetos al mercado, había ya un consumidor desesperado de adquirir los instrumentos que se mostraban en los medios masivos de comunicación que dicho sea de paso estaban controlados por el mismo sistema político como parte de la globalización y el auge informativo, y obviamente la importancia que se le dio a esos productos poco a poco dicto la sentencia de desaparición para el producto nato mexicano.

Estos y otros factores alejados de valores y principios éticos orientados en la educación y la ciencia que sin duda son formativos en la sociedad, y al contrario de lo antes dicho, han arrojado vidas sin sentido y sumidas en los vicios y el camino de la ilegalidad, vacíos existenciales, personas carentes de voluntad propia, con gran interés de aceptación, de adquisición y un notorio desinterés por las cuestiones más elementales del humanismo, tal como si el ser humano optara por asirse de lo negativo porque es más fácil, que emprender lo positivo porque conlleva compromiso, esfuerzo y emprendimiento, y estas son cuestiones que nos obligan a salir del círculo de comodidad y que aparte le provocan incertidumbre y por antonomasia miedo a la persona.

Lo antes asentado tiene mucho que ver con que la criminalidad aumente, fruto de todo el conglomerado de condiciones a los que la sociedad está expuesta y en particular los jóvenes, a la cantidad de productos con la que somos bombardeados por medio de la publicidad, incluida la contracultura y apología del delito de los narco corridos y series televisivas, y no conforme con esto la industria ha encontrado la forma de hacernos dependientes a sus productos, aumentando la seducción en estos, reduciendo su obsolescencia programada y agilizando la renovación en sus modelos de consumismo y el menor esfuerzo, y por otro lado la ineficacia con la que las política públicas del pasado trataron el tema de la criminalidad con una marcada ausencia de programas de prevención del delito y por supuesto esa unión que se marcó en el pasado entre el estado y las clases poderosas dueñas del dinero que dejaron en segundo plano desprotegida y vulnerable a la población.


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