Saúl Monreal Ávila
En las últimas semanas se la han pasado señalando con índice de fuego, pero hacia ellos apuntan cuatro dedos más. Hay silencios que hablan más fuerte que cualquier discurso, el reciente Operativo Enjambre de la semana pasada en el estado de Morelos ha dejado al descubierto una realidad incómoda para la derecha mexicana: cuando los señalados pertenecen al PAN o a las viejas estructuras del PRIAN, desaparecen misteriosamente las campañas de indignación, los linchamientos mediáticos y las tormentas digitales que normalmente intentan fabricar contra la Cuarta Transformación.
Hoy vemos detenidos a alcaldes y exalcaldes emanados de fuerzas conservadoras, investigados por presuntos vínculos con estructuras criminales y redes de corrupción, sin embargo, no observamos los grandes despliegues de comentaristas “independientes”, ni los trending topics artificiales impulsados por granjas de bots, ni las mesas de análisis cargadas de condenas morales que sí aparecen, de manera inmediata y sincronizada, cuando intentan involucrar a cualquier personaje relacionado con Morena.
Eso demuestra que existe una clara intencionalidad narrativa, es un hecho, hay conservadores y sectores de los medios de comunicación, grupos de poder económico y operadores digitales que durante años construyeron una maquinaria para atacar sistemáticamente a la transformación que vive el país, una estrategia que pretende instalar la idea de que la corrupción tiene un solo color partidista, mientras guardan silencio cómplice cuando los involucrados pertenecen a la derecha.
La diferencia es evidente. Cuando un caso toca a Morena, aunque apenas exista una acusación o un señalamiento preliminar, se construyen juicios sumarios desde columnas, noticieros y redes sociales. Pero cuando las investigaciones alcanzan a personajes del PAN o del viejo régimen, una de dos. O cusan inmediatamente de “persecución política” y la dan por buena, o aparecen los matices, las justificaciones y hasta los llamados a “esperar el debido proceso”. Ahí sí se vuelven prudentes, moderados y hasta indulgentes.
Por eso ha sido tan importante el ejercicio cotidiano de comunicación que encabeza nuestra presidenta de México, la Dra. Claudia Sheinbaum desde la mañanera, así como el trabajo permanente de miles de compañeras y compañeros que salen todos los días a informar y contrastar la manipulación mediática. Porque frente a un aparato sofisticado de propaganda en las redes, financiado por intereses nacionales e internacionales, el pueblo necesita información directa, clara y sin filtros.
Los conservadores siempre han actuado igual: ven la paja en el ojo ajeno, pero nunca la viga en el propio. Durante décadas utilizaron el poder político y mediático para protegerse entre ellos, para encubrir excesos y para administrar el silencio. Hoy, en cambio, el Estado mexicano actúa sin distingos partidistas.
La transformación no le teme a la verdad ni a la justicia. Lo que sí denunciamos es la hipocresía de quienes intentan convertir la información en arma política y la seguridad pública en instrumento electoral.

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