México no se detiene: obras, vivienda y desarrollo para la gente

Saúl Monreal Ávila

A un año y medio del inicio del gobierno de nuestra presidenta, la Dra. Claudia Sheinbaum Pardo, la infraestructura pública no sólo se mantiene como una prioridad nacional, sino que avanza con resultados concretos que comienzan a sentirse en la vida cotidiana de millones de mexicanos. Lejos de la inercia burocrática de otros tiempos, el actual gobierno ha optado por consolidar obras de gran calado, acelerar la conectividad del país y sostener una política de inversión pública con sentido social.

Uno de los ejes más relevantes ha sido la vivienda. Durante 2025 se impulsaron cientos de miles de acciones de vivienda en todo el país como parte del programa Vivienda para el Bienestar, mientras que en este arranque de 2026 ya se reportan entregas en distintas entidades. La meta sexenal es ambiciosa: construir 1.8 millones de viviendas, regularizar un millón de escrituras y ampliar el acceso a un derecho históricamente negado para millones de familias trabajadoras.

Pero la vivienda no camina sola. También lo hace la infraestructura estratégica. Hace apenas unos días, la presidenta inauguró el Puente Vehicular Nichupté en Cancún, una obra de gran dimensión que conecta la ciudad con la zona hotelera y que ya es considerada una de las piezas de ingeniería más importantes del sureste mexicano. Además de reducir tiempos de traslado, esta obra fortalece la movilidad urbana, mejora la conectividad y amplía la capacidad de respuesta ante emergencias en una de las regiones más dinámicas del país.

A ello se suma el impulso ferroviario. El nuevo tren hacia el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles, ya en operación, forma parte del relanzamiento del sistema ferroviario nacional y confirma que México volvió a apostar por el transporte público de largo alcance, moderno y accesible. En paralelo avanzan nuevas rutas ferroviarias que fortalecen la conexión entre el centro del país y otras regiones estratégicas, mientras el Tren Maya consolida su operación en el sureste como una palanca clave para el desarrollo regional.

Lo que muestran estas obras no es sólo concreto, acero o kilómetros construidos. Muestran una visión de país. Un gobierno que entiende que la infraestructura no es ornamento, sino herramienta de justicia social. Donde antes hubo abandono, hoy hay obra pública; donde antes hubo rezago, hoy hay inversión. México sigue construyéndose, y esa es quizá la señal más clara de que este gobierno sí trabaja por la gente.


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