MANUEL IBARRA SANTOS
En las sociedades avanzadas del mundo, la formación académica de las élites políticas y gobernantes sí cuenta y es un factor diferencial que marca la ruta del desarrollo, la prosperidad y el bienestar. Es pues, un elemento que abre las puertas de la modernidad. Quien diga lo contrario, está terriblemente equivocado.
Por eso, las profesiones universitarias si cuentan para una sociedad y para aspirar a la generación de administraciones públicas (en todos sus niveles) eficientes, eficaces y de calidad.
El no contar con políticos y gobernantes sólidamente educados y preparados, propicia que persista el peligro de que en las sociedades donde se encuentran sean lanzadas, en un proceso de regresión, a la premodernidad y al cuasi feudalismo.
Las profesiones universitarias son importantes en una sociedad y en la política, porque pueden marcar el horizonte de ingreso al desarrollo y la modernidad. Sin ellas, existe el alto riesgo de lanzar a una comunidad de personas a procesos peligrosos de feudalización de la economía, de la estructura productiva, del bienestar y la justicia.
Esto a propósito de que en las dos últimas semanas se abrió en Zacatecas el interesante debate sobre sí debe importar o no, la preparación y los perfiles de formación académica de los integrantes de las élites políticas y gobernantes en la entidad.
Los estudiosos y especialistas en la materia, entre ellos Max Weber (1864/1920), filósofo alemán y padre de la sociología, sostiene que las profesiones tienen entre otras, tres grandes implicaciones:
1).-Se caracterizan por ser puerta de acceso a la modernidad; 2).- Contribuyen a organizar el mundo del trabajo; y 3).-Son fuerza y palanca de la prosperidad. En otras palabras, estas (las profesiones universitarias), establecen una demarcación entre sociedad moderna y comunidad atrasada, ignorante y feudal.
Las sociedades avanzadas en el mundo actual, lo son porque cuentan con ciudadanos educados, disciplinados y elites políticas preparadas e ilustradas. Ahí están como ejemplo, China (el gigante asiático), Japón, Corea del Sur y Singapur, países que, por cierto, cuentan con los mejores sistemas educativos del mundo, de acuerdo a los más recientes resultados de la Prueba Pisa (Programa Internacional de Evaluación de Estudiantes), que la OCDE realiza en más de 90 naciones.
En el caso de México hay datos reveladores: de los gobernantes en las 32 entidades de la República, casi el 55 por ciento de ellos registran estudios de licenciatura, el 30 por ciento tienen acreditados posgrados a nivel de maestrías y el restante 10% doctorados.
Casualmente los estados gobernados por mandatarios que cuentan con más grados académicos de estudios, son aquellos que proyectan mayores niveles de desarrollo, prosperidad y justicia.
Y va un ejemplo emblemático, aunque enoje a muchos: la gobernadora de Aguascalientes acredita estudios de doctorado, dos maestrías y una licenciatura. Y en la actualidad, esa entidad cuenta con un sistema educativo colocado en los tres primeros lugares del ranking nacional de calidad. Y así, se pueden describir una serie de casos que nos demuestran que la formación académica de las elites gobernantes sí importa.
En Zacatecas el debate sobre la importancia o no de las profesiones universitarias ha conducido a reflexiones interesantes, pero también a la definición de absurdos, como la declaración (insostenible ética y racionalmente) de aquel alto servidor público que dijo la semana pasada, que los títulos universitarios y la formación educativa no debiesen servir y contar tanto. Vaya impresentable discurso que no sirve para motivar a que los jóvenes zacatecanos estudien.
Existe otra cifra del INEGI para reflexionar: En Zacatecas sólo el 17% de personas mayores de 18 años, cuentan con estudios de licenciatura, cuando la media nacional es del 23%. Los niveles de preparación académica de la sociedad zacatecana son inferiores a los del resto del país.
Es incuestionable entonces admitir, como tesis racionalmente justificada, que la formación académica sólida de las elites políticas y gobernantes, marcan el diferencial del desarrollo de una sociedad. Nunca la ignorancia, podrá ser cimiento para construir la prosperidad de un pueblo.
Por esa razón, la sociedad zacatecana, sí desea desarrollo, prosperidad y justicia, tendrá que apostar por contar con políticos más honestos, pero también más educados, preparados e ilustrados.
LAS PROFESIONES Y LA UNIVERSIDAD.
Las profesiones se forjaron en el mundo, en las Universidades que nacen en los siglos 11 y 12 de la historia de la humanidad. Y las primeras que se acuñaron fueron la abogacía, medicina y el sacerdocio.
Entre las primeras universidades que surgen en la historia universal destacan, entre otras las siguientes: Universidad de Bolonia (Italia), en el año 1088; Universidad de Oxford (Reino Unido), en 1096; Universidad de Paris (Francia), en 1150; y La Universidad de Salamanca (España), en el año de 1218.
En el caso de la Nueva España, la primera institución de este tipo nace en 1555 conocida bajo el nombre de la Real y Pontificia Universidad de México, la que por cierto tuvo en 1703 como rector a un zacatecano, el doctor Juan Ignacio María de Castorena.
En nuestro Estado, particularmente el concepto moderno de Universidad surge de manera tardía en 1968, con la transformación del Instituto de Ciencias Autónomo, en Universidad Autónoma de Zacatecas, a finales del gobierno del ingeniero J. Isabel Rodríguez Elías.
Por otra parte, las profesiones universitarias tienen un carácter histórico, lo que significa que estas son propias de cada época del desarrollo de la humanidad. Y requieren, en consecuencia, actualizarse permanentemente.
En la actualidad, la Cuarta Revolución Industrial, reclama de la implementación de nuevas profesiones y más aún cuando en Zacatecas la oferta de educación superior está saturada de opciones académicas surgidas a finales del siglo 19 y en el transcurso del siglo 20.
Específicamente, la Cuarta Revolución Industrial, paradigma creado por Klaus Schwab, fundador del Foro Económico Mundial en 1971, está sustentada en la promoción de la robótica avanzada, la Inteligencia Artificial, el Big-data, la impresión en tercera y cuarta dimensión, la nanotecnología, la ingeniería aeroespacial, la genética y biología molecular y la ciberseguridad.
Las nuevas profesiones universitarias tendrán que considerar este escenario impuesto por la economía digital y la Cuarta Revolución Industrial. De lo contrario serán joyas de museo y reminiscencias del pasado que no servirán a la sociedad.

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