Gatopardismo universitario

Juan Antonio Pérez

La vida es una eterna batalla entre nuestros deseos y nuestras responsabilidades. Giuseppe Tomasi di Lampedusa (1896 – 1957)

Es un lugar común que la Universidad Autónoma de Zacatecas precisa de una profunda transformación que la coloque en la ruta de la prosperidad y la excelencia. Es posible que la necesidad de cambio se extienda a la universidad pública de México. Nadie en su sano juicio niega tal necesidad, y sin embargo el desacuerdo, como el diablo, se esconde en los detalles, de acuerdo con el célebre escritor Gustave Flaubert (1821 – 1880).

El significado de la transformación es, sin duda, distinto para los diferentes sectores universitarios, así como para todo aquel que se interese por la academia y la educación pública. No es de ningún modo afortunado que la necesidad de la transformación se haga tan evidente gracias a una monstruosa crisis financiera que amenaza la viabilidad institucional.

Con fecha 23 de septiembre del año en curso, Milenio publica declaraciones del Secretario General Ejecutivo de ANUIES; el Dr.  Luis González Plascencia, quien afirma que las universidades públicas de México arrastran un déficit de 55 mil 400 millones de pesos. Un poco más del 10% de esa cifra corresponde a la Universidad Autónoma de Zacatecas. Recientemente también estuvo en la entidad el rector de la UNAM,  el Dr. Leonardo Lomelí Vanegas, quien dictó una muy interesante plática acerca del desfinanciamiento de las universidades públicas mexicanas. Si bien no fue una de sus afirmaciones, se desprende de ellas que los gobiernos federal y estatales incumplen con la obligación que les impone la ley de otorgar recursos “a suficiencia” para que las instituciones cumplan con lo que declaran como sus funciones sustantivas.

En cifras aproximadas, el rector Lomelí afirma que el subsidio a las universidades se ha incrementado durante los últimos 10 años en un 30%, mientras que, con datos de INEGI y del Banco de México, el portal CalculoSeguro.mx señala como inflación acumuada en el mismo período 60.4%. El desequilibrio se hace con ello evidente, es  claro que hay responsabilidad gubernamental en el déficit de la universidad pública. Es por ello urgente la unidad de las instituciones de educación superior en la exigencia de que el gobierno cumpla cabalmente con su obligación económica para con la Academia.

El Dr. González Plascencia afirma también que en los últimos 8 años la matrícula de las universidades públicas se ha visto incrementada en un 18%, lo que significa que, a ritmo sostenido, el crecimiento sería de un 22.5% en los en una década.

El gobierno infringe la ley, pero  que el gobierno falte a sus deberes no anula las responsabilidades institucionales que, hay que decirlo, no son menores, y es por ello que urge la reforma universitaria que garantice el uso responsable de los recursos que por ley le son otorgados.

El  diputado Alfredo Femat, en el ánimo del control político, siendo rector, abrió opciones de educación medio superior sin sustento financiero, recurriendo al “sagaz truco” de multiplicar los votos dividiendo las plazas de tiempo completo. El resultado es la precariedad laboral, la polarización de la política universitaria y un abrupto descenso de los niveles académicos.

El Dr. Francisco Javier Domínguez Garay, en función de rector, sabedor de la impunidad que se disfraza de autonomía, y como él mismo ha reconocido, tomó la irresponsable decisión de hacer crecer el catálogo de opciones universitarias a costa de incrementos descomunales del déficit. Solo son dos ejemplos, aunque sin duda paradigmáticos. Otros rectores, sobre la lógica del control y el uso patrimonial de la institución, pusieron su cuota de irresponsabilidad en el crecimiento de los adeudos de la UAZ.

La administración universitaria,  más obligada por la presión federal que por propia convicción, ha iniciado un proceso que conduce a un Congreso de Reforma Universitaria que, se dice, responderá a las necesidades que la  realidad impone.

Sin embargo, al  igual que Don Fabrizio Corbera en “Il gattopardo” de Tomasi, la UAZ parece apostarle a que todo cambie para mantener los privilegios de los grillócratas universitarios,  propietarios hasta ahora de vidas, haciendas, plazas laborales y votos en la institución.

La comisión que inicia los trabajos de la Reforma ha sido constituida con ese criterio, el de satisfacer los apetitos de los grupos de control político, responsables de la lastimosa realidad de nuestra querida Alma Mater. No se apela a la opinión de líderes académicos, educativos, divulgadores o extensionistas sino a los tradicionales caudillos y caciques. No se toca la grillocracia ni con el sutil pétalo de una mínima reestructuración.

En los tumbos de la incertidumbre, los palos de ciego han ido desde proponer un incremento en las cuotas de inscripción y servicios, hasta reducir los tiempos laborales dedicados a la investigación, pretendiendo que estudiantes y académicos carguen sobre sus espaldas la crisis que otros alimentaron. Una de las medidas que el rector el Dr. Ángel Román Gutiérrez propone, es el retorno de las primas de antigüedad de los funcionarios al nivel en el que siempre debieron estar:  lo que corresponde a su figura laboral. Nada hay todavía sobre aquellos que sin estar en nómina de funcionarios ejercer como tales con descarga laboral. Se mantiene la lógica: un pequeño sacrificio en los ingresos a cambio del control político, se encubre así buena parte del aparato burocrático universitario. Las  iniciativas rectorales son tímidas y superficiales, se advierte en ellas la intención de no tocar a los grupos de control, y de no incomodar a los caciques.

Ilusorio esperar un final feliz de la historia que mal inicia:  los grupos no se cuestionarán a sí mismos ni reducirán voluntariamente su capacidad de manipulación. La Reforma Universitaria, por el camino que ha tomado seguirá, citando la obra de Tomasi, “una de esas batallas que se libra para que todo siga como está”. El leopardo jaspeado rugirá como siempre en el escudo de la realeza.

La institución debe asumir su responsabilidad para exigir con toda autoridad a los gobiernos cumplir con la suya. Los universitarios esperamos ver señales fuertes, incuestionables. En breve se abordará en el seno del H. Consejo Universitario la discusión del presupuesto de egresos de la UAZ para el ejercicio 2027. Veremos si hay un cambio de rumbo. Lo esperamos.


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