El espejismo de los «gestores»: del Pacto por México a los Servidores de la Nación, y su costo para la UAZ (Tercera parte de la denuncia pública)

Como antecedente y análisis, ligado a la Denuncia Pública de Inconformidad

 «No te acabes UAZ»

El auge: la bolsa de recursos etiquetados del Pacto por México

En 2013 se firmó el Pacto por México, del cual se derivaron las reformas estructurales —energética, educativa, fiscal, entre otras— que marcaron esa administración federal. Menos discutido públicamente, pero igual de determinante para estados como Zacatecas, fue que ese periodo coincidió con la bolsa de recursos etiquetados más grande que se recuerde para los estados, a partir de 2014, cada diputado federal podía etiquetar directamente en el Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) montos que, según se documentó periodísticamente en esos años, alcanzaban entre 20 y 30 millones de pesos por legislador, destinados a rubros como infraestructura deportiva, cultural y pavimentación. Ese recurso no pasaba por el gobierno estatal, se transfería directo al municipio o a la universidad.

Periodísticamente, a esa práctica se le conoció como la época de los «moches», el intercambio, documentado en distintos estados del país, entre la gestión de recurso etiquetado y comisiones o beneficios para quienes intermediaban su asignación.

El mecanismo local: cómo bajaba el recurso a Zacatecas

De acuerdo con lo que se ha señalado dentro de la comunidad universitaria, en Zacatecas ese mecanismo operó de forma consistente, una misma figura de influencia —identificada como «el Aliado» en la denuncia previa sobre el Programa de Cultura Física y Deporte— gestionaba el recurso etiquetado y, según estos señalamientos, recomendaba al constructor y al proveedor de equipamiento, mientras el municipio o la UAZ ejecutaban formalmente la obra. Esto explicaría por qué buena parte de la infraestructura deportiva construida en esos años en el estadio Francisco Villa y el campus de Guadalupe comparte una misma leyenda en sus placas: «Recurso gestionado por…».

Conviene precisar que esta parte —la intermediación directa en la elección de contratistas y proveedores, así como la discrepancia entre lo facturado y lo efectivamente ejecutado— corresponde a señalamientos y percepción documentada dentro de la comunidad universitaria, no a hallazgos de una auditoría pública. Es, junto con el punto de la facturación al 100% frente a una ejecución menor.

El espejismo del «gestor exitoso»

El periodo de bonanza coincidió con los mismos cuatro rectorados ya señalados en la denuncia original. Todos ellos utilizaron esa bolsa de recursos para ampliar infraestructura deportiva y de otro tipo, como forma de justificar crecimiento de matrícula y acceder a mayor subsidio, pero sin que ese crecimiento viniera acompañado de un plan de mantenimiento de largo plazo. El resultado, años después, es la infraestructura deteriorada que hoy documenta la denuncia sobre el programa deportivo.

Nuestra lectura es que esto revela que la reputación de «gestor eficaz» que se construyó en esos años respondía más a la existencia de una bolsa federal extraordinaria y de fácil acceso, que a una capacidad real de negociación o gestión del propio actor. Es una interpretación, que se sostiene en un dato observable, en años recientes, con el fin de esa bolsa, estos mismos personajes ya no han logrado bajar recursos comparables, lo que sugiere que su influencia dependía del ciclo presupuestal nacional y no de una capacidad de gestión propia.

El quiebre: fin del Pacto y llegada de los Servidores de la Nación

Ese modelo de intermediación se cerró por dos vías. Por un lado, terminó el ciclo del Pacto por México y, con él, la bolsa extraordinaria de recursos etiquetados por diputado. Por otro, con la llegada de Morena al gobierno federal se implementó una política deliberada de reducir a los intermediarios locales, así surgieron los Servidores de la Nación, figura mediante la cual los beneficios de los programas federales se entregan directamente del gobierno federal a la persona beneficiaria, sin pasar por gestores, líderes locales o estructuras intermedias estatales o municipales. Esta reconfiguración —explicada por el propio gobierno federal como parte de una estrategia de mayor control y freno a liderazgos tradicionales de intermediación— tuvo como efecto adicional que, en el plano local, el crecimiento político y la presencia pública quedaran cada vez más concentrados en la estructura del propio partido en el gobierno. Este último punto es una lectura sobre las consecuencias políticas del cambio de modelo.

La consecuencia para la UAZ: de la infraestructura sin mantenimiento a la crisis financiera actual

Aquí es donde este antecedente se conecta directamente con lo ya denunciado sobre el Programa Transversal de Cultura Física y Deporte. La infraestructura construida al amparo del Pacto por México —canchas, gimnasios, tatamis, las remodelaciones del Francisco Villa— se levantó con una lógica de acceso a recurso extraordinario y corto plazo, no de sostenibilidad institucional. Cuando ese recurso etiquetado desapareció, la Universidad se quedó con:

  • Infraestructura de calidad deficiente desde su origen, por adjudicaciones directas y falta de supervisión técnica.
  • Ningún fondo ni plan de mantenimiento previsto para sostenerla en el tiempo.
  • Una estructura administrativa de deportes que había crecido en plantilla y nómina para operar esa bonanza, y que se quedó fija incluso cuando el flujo extraordinario de recursos terminó.
  • Un modelo —el del equipo de fútbol profesional Tuzos— que dependía de la misma lógica de gestión externa y que, al no poder sostenerse ya con recursos propios de la Universidad, terminó saliendo de la Liga Premier el pasado 1 de agosto.

En otras palabras: la crisis financiera que hoy reconoce la propia Rectoría —los 700 millones de pesos requeridos para el cierre de 2026, la deuda con el ISSSTE y el SAT— no es un fenómeno reciente ni aislado del programa deportivo. Es, en buena medida, la factura tardía de una década en la que se amplió infraestructura y nómina aprovechando una bolsa federal extraordinaria, sin construir al mismo tiempo la capacidad institucional —técnica, financiera y de mantenimiento— para sostener ese crecimiento una vez que esa bolsa se agotara. El programa deportivo no es la causa de la crisis de la UAZ; es una de sus expresiones más visibles.


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