Solo la gente buena tiene amigos, los demás, tienen socios, partidarios o cómplices.
Voltaire (1694 – 1778)
En una colaboración anterior, todavía en 2025, expresé lo que me parecía ser la intención del gobierno federal morenista con respecto a las universidades públicas, y en particular, a instituciones como la máxima casa de estudios de Zacatecas, agobiadas por monstruosas crisis financieras. Los acontecimientos recientes, interpreto, se orientan a darme la razón. En síntesis: transparencia y compromiso.
No es posible una reflexión seria sobre nuestra máxima casa de estudios sin partir de algunas premisas básicas:
- La naturaleza y función de la universidad pública en México no limita su quehacer al ámbito escolar.
- Es obligación legal del Estado Mexicano, proporcionar los recursos en cantidad suficiente para que las universidades públicas cumplan con sus funciones sustantivas: docencia, investigación y extensión; además de las adjetivas, en ese estricto orden de prioridad. El respeto a este orden jerárquico es función de los órganos de dirección de cada institución.
- Garantizar el derecho a la jubilación de todo trabajador del servicio público es responsabilidad del Estado, puesto que tiene carácter de ley.
- La autonomía universitaria no significa en modo alguno extraterritorialidad, y por tanto, los aparatos administrativos de las entidades públicas descentralizadas, de acuerdo con la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal, tienen la obligación de transparentar el uso de los recursos que, para su buen funcionamiento reciben del estado, es decir, de los contribuyentes.
- Es responsabilidad de las universidades lograr la mayor cobertura posible, por lo que sus servicios docentes deben prestarse bajo el principio de la gratuidad, así como la prestación de servicios asistenciales: comedores, estancias, bibliotecas, salud, atención psicológica y asesoría legal.
- La universidad cumple la noble función de garantizar el acceso a la cultura científica, artística, social, humanística y física. Es el receptáculo de todas las corrientes de pensamiento, y por supuesto no es un establecimiento dedicado a comerciar con títulos o acreditaciones.
Es bajo este microscopio que debe observarse y juzgarse la vida universitaria.
El rector de la UAZ, el Dr. Ángel Román Gutiérrez, en su primer informe, coloca acertadamente la responsabilidad de la dolorosa crisis que aqueja a nuestra máxima casa de estudios en las malas decisiones tomadas por sus antecesores, siendo la más grave de ellas la indiferencia ante el oncológico crecimiento de los adeudos institucionales. De este informe y las declaraciones posteriores a la prensa hay detalles destacables, y de entre ellos un plausible mensaje al grupo porril que niega la existencia real de una crisis: “no se ocultará la gravedad de la situación a pesar de los costos políticos”.
La Dra. Sonia Viramontes, con la enérgica opinión que le caracteriza, afirma que las propuestas del rector para alcanzar un equilibrio financiero llegan tarde, lo que es indiscutiblemente cierto. Hubo muchos mensajes y reiteradas señales, tanto en los discursos presidenciales como en los medios oficiales acerca del uso de los recursos en las universidades públicas, mientras la administración de la UAZ parecía no darse por aludida. Tuvo que presentarse en la entidad la Dra. Sheinbaum Pardo a decirlo con claridad el viernes previo al informe del rector, de manera que desaparecieron los atajos, se imposibilita la escapatoria: la responsabilidad institucional de la crisis debía ser reconocida.
Las medidas anunciadas por la rectoría son no solo tardías, sino tímidas. Anunció que la prima de antigüedad de los funcionarios sería calculada con respecto al salario de su plaza y no a la percepción de administradores. ¿Y las jubilaciones doradas con percepción de funcionario? ¿Y aquellos que “vendieron” sus prestaciones y las continúan recibiendo? ¿Y sobre la mórbida obesidad del aparato administrativo?
En declaraciones a la prensa dice el rector que el peso de la crisis no debe caer sobre un único grupo laboral; la respuesta es clara y contundente, ¡no debe caer sobre ninguno de los grupos laborales! ¡Que los responsables se hagan cargo de su desorden!
En el tema de las malas decisiones, el diputado Alfredo Femat, quien como rector afirmaba haber terminado con la deuda, perdió para la institución valiosos bienes inmuebles, a pesar de lo cual la deuda siguió ahí, y creciendo. En declaraciones a la prensa, Femat coloca la génesis de la crisis en la diferencia entre plazas reconocidas y ejercidas, con lo que denuncia incumplimiento de la autoridad federal hacia la educación pública, lo que es innegable, como lo es también que se dedicó a la apertura de programas de bachillerato con fines de control político alimentando al interior esa diferencia.
Femat argumentaba, disfrazando sus intereses electorales, que la UAZ tenía el compromiso de abatir el rezago educativo en la entidad. A lo que se le contestó en su momento, durante el Congreso de Reforma de fines de los 90, que obligación tal correspondía al Estado, y que en todo caso, a la Universidad debía proponer alternativas, siendo una de ellas el tele bachillerato. Se predicó en el desierto, se impusieron así el arribismo y el apetito de control, fantasmas que siguen ensuciando la noble vida institucional.
El Dr. Francisco Javier Domínguez Garay, también reaccionó al informe del Dr. Román, reconociendo que tomó la decisión de crecer sobre la base de incrementar los adeudos. No hay mucho que comentar al respecto, la irresponsabilidad se auto desnuda.
El Dr. Román, en entrevista radiofónica proporciona un dato revelador: teniendo un presupuesto aprobado superior a los 600 millones para gasto corriente se ejercen, y lo plantea como un logro, solo 135, y afirma que no hay afectación para la vida académica. Se explica así, que los materiales como papel, tintas, plumones, gises, reactivos, conexiones a internet y otros consumibles salgan del bolsillo de los miembros del personal académico; que los pizarrones, las butacas, los talleres y los laboratorios estén en mal estado, mientras que del presupuesto aprobado para pago de funcionarios se ejerce el cuádruple. Queda más que claro que a esto se refiere la presidenta cuando habla de “el destino de los recursos”. ¿Y se cree de verdad que esto no afecta a la academia?
Previo a la visita presidencial se produjeron declaraciones y acciones por demás desafortunadas, se habló de incrementar las cuotas de inscripción y del cobro de algunos servicios que colocarían en situación precaria a una gran cantidad de estudiantes, dejaron de funcionar vehículos dedicados al transporte gratuito de alumnos a Veterinaria y Agronomía, siendo reemplazados por autobuses privados con el respectivo costo para los bolsillos estudiantiles. Lejos de adelgazar el aparato burocrático se crearon puestos para satisfacer los apetitos de los grupos de control.
Hasta antes de la presidenta tocase el tema de la UAZ, breve sí, pero con mucho peso, no cesaron las contrataciones por fuera de la normatividad, de hecho, el mismo día de la visita, la dirección de Agronomía se auto tomó las instalaciones para impedir las evaluaciones a los docentes, que calculó no le serían favorables. Si el rector captó el mensaje, ciertamente no es el caso de la dirección de Agronomía, que no cesa de generar conflictos.
El inicio del semestre que transcurre se vio manchado por solicitudes de sobrecarga, es decir, se pidió a miembros del personal académico cubrir tareas docentes adicionales a su carga de trabajo, sin remuneración. Fueron patentes dos hechos dignos de ser resaltados: la generosidad de los universitarios y el abuso de las autoridades.
El ansia de rapiña aflora en los miserables. Un político local aboga por negar recursos a la más noble de nuestras instituciones académicas, pues afirma, mientras un hilo hemático escurre de su lengua, que solo alimentaría la corrupción. Y otro no menos oscuro personaje, por desgracia universitario, caracterizado por su acción porril, pretende colocar el peso de la crisis sobre las espaldas de los jubilados, argumentando que en el presupuesto aprobado no hay recursos asignados para tal fin. Y no se detiene ahí, sino que propone abrir el fideicomiso de fondo de retiro con los ahorros de los académicos universitarios, pasando por alto que las cuotas correspondientes fueron descontadas de sus salarios, pero la autoridad decidió no enterar al ISSSTE. Cabe aclarar que tal barbaján retiró sus ahorros de la fundación que pretende comprometer, ¡vaya descaro!
Es, reconoció el rector, una obligación institucional incumplida construir el fideicomiso que solventará las jubilaciones del personal académico, es pues una tarea urgente y prioritaria. Seguro estoy que un llamado sincero y auténtico a corregir será escuchado por el grueso de la comunidad universitaria y de la sociedad toda a la que se debe. Bienvenida aunque sea tarde.
La Universidad ha incumplido y eso debe ser corregido. El Estado ha incumplido y eso también requiere una enmienda. En su escolástica visión de la universidad, el Estado mexicano ha promovido la atomización de las plazas de académicos en horas-clase, reduciendo la acción académica a la parcialidad de las tareas docentes. El desarrollo científico del país precisa de personal académico profesionalizado, dedicado por entero a las tareas universitarias, reducir miopemente el trabajo universitario a la formación profesional es más que limitante, es criminal.
No es razonable que un gobierno de izquierda, y me refiero al federal, se convierta en enemigo de la universidad pública; del gobierno estatal puede esperarse cualquier cosa. No debería estar en el horizonte de un gobierno progresista vulnerar las conquistas laborales del personal universitario.
Complementando al escritor parisino Francois-Marie Arouet, mejor conocido por el sobrenombre auto impuesto de Voltaire, la diferencia es el concepto de lealtad que encierra cada una de las posibilidades. Mientras que los socios comparten ganancias, los partidarios obedecen muchas veces a ciegas, y los cómplices comparten la responsabilidad de acciones oscuras o inconfesables.
La amistad no se entiende sin la nobleza que ayuda a compartir las decisiones, no prospera sin la acidez de la autocrítica o la dulzura del reconocimiento al logro, no tiene sentido sin la mano solidaria en la caída. Si el rector aspira a dar un viraje responsable y serio a la conducción de nuestra máxima casa de estudios, bien haría en buscar a los amigos de la UAZ, antes que seguir acompañándose de socios, partidarios o cómplices.

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