Registrarse no es difícil, comprometerse y cumplir, sí

Saúl Monreal Ávila

La semana pasada, estuvo muy movida, y es que, los registros generan titulares, dan nota pues, pero no olvidemos que las decisiones, en cambio, construyen la historia, los 277 nombres que decidieron participar en el proceso interno de Morena para encabezar las Coordinaciones Estatales en Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional reflejan un movimiento vivo, competitivo y con una enorme capacidad de convocatoria. Sin embargo, sería un error creer que la etapa más importante ya pasó. En realidad, apenas terminó el trámite más sencillo.

Inscribirse representa un derecho político, ganarse la confianza del movimiento y, sobre todo, mantener la unidad después de conocer los resultados, representa una prueba de madurez.

La verdadera fortaleza de Morena nunca ha radicado únicamente en la cantidad de aspirantes, sino en su capacidad para procesar democráticamente las diferencias internas, los registros son una fotografía del entusiasmo; la disciplina política será la radiografía del futuro.

Las 17 gubernaturas que estarán en juego en 2027 no se ganarán con conferencias de prensa, espectaculares o movilizaciones de simpatizantes, se conquistarán con trabajo a pie, en las colonias y comunidades, con organización territorial, unidad y una representación auténtica de los intereses populares. Quien piense que el proceso termina con haber entregado documentos en una mesa de registro no ha entendido la dimensión del momento político. Quien también, a la usanza antigua, se haya inscrito con el fin de ver que puede obtener, doble error.

Ahora viene la etapa verdaderamente compleja, la de aceptar los resultados de las encuestas, cerrar filas y convertir los proyectos personales en un solo proyecto colectivo, ahí veremos su profundo amor a morena.

Y es que toda fuerza política enfrenta una tentación permanente: permitir que la ambición individual termine desplazando al interés general. Ahí es donde comienzan las fracturas, las renuncias, las campañas de desgaste y las candidaturas divididas que tantas derrotas han provocado en la historia política de México.

Morena tiene hoy la enorme responsabilidad de demostrar que aprendió de experiencias anteriores, si los aspirantes que no resulten favorecidos privilegian la codicia sobre el compromiso, si las corrientes internas colocan sus intereses por encima de la defensa del proyecto nacional, los adversarios no tendrán que hacer demasiado esfuerzo. La división interna suele ser mucho más efectiva que cualquier campaña de oposición.

Por el contrario, si quienes participaron entienden que la coordinación estatal es un instrumento para fortalecer un movimiento y no un patrimonio personal, Morena llegará con una ventaja considerable a las elecciones de 2027.

Las candidaturas pasan; los proyectos políticos permanecen. Esa debería ser la convicción de quienes hoy levantaron la mano.

Porque el desafío ya no consiste en saber cuántos se registraron, el verdadero desafío será descubrir cuántos tendrán la altura política para respaldar a quien resulte ganador. La primera etapa terminó con 277 aspirantes. La segunda comienza con una sola pregunta: ¿prevalecerá la unidad o la ambición?


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