EL OBJETIVO ES CONGELAR EL DINERO DEL CRIMEN

Saúl Monreal Ávila

Por varias décadas en nuestro país, el combate al crimen organizado se centró en la persecución territorial, detenciones, decomisos, enfrentamientos; sin embargo, el verdadero músculo de estas estructuras siempre ha estado en otro lado: el dinero. Hoy, con una reciente resolución de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, el país parece dar un giro estratégico hacia las finanzas del delito.

La decisión de validar la facultad de la Unidad de Inteligencia Financiera para bloquear cuentas bancarias sin orden judicial previa, marca un antes y un después en la política de combate al lavado de dinero. No se trata de un tecnicismo jurídico, es un cambio de acciones real, el Estado mexicano está apostando por la rapidez y la prevención como herramientas clave frente a redes criminales que operan con sofisticación financiera.

La Corte ha sido clara en el fondo del asunto, el congelamiento de cuentas no es una sanción penal, sino una medida cautelar administrativa orientada a proteger el sistema financiero, esto implica que la autoridad puede actuar de inmediato ante indicios de operaciones ilícitas, sin esperar los tiempos del Poder Judicial. En delitos como el lavado de dinero o el financiamiento al terrorismo, la velocidad es fundamental, cada minuto cuenta cuando se trata de evitar que recursos ilícitos se dispersen o desaparezcan en entramados internacionales.

Este nuevo criterio también rompe con una limitación previa, antes, la Unidad de Inteligencia Financiera sólo podía actuar sin orden judicial cuando existía una solicitud extranjera, hoy, puede hacerlo por investigaciones de origen nacional, lo que fortalece la soberanía del Estado en la protección de su propio sistema financiero.

Desde una perspectiva de política pública, el avance es significativo. Golpear las finanzas del crimen organizado no solo debilita su capacidad operativa, sino que desincentiva su expansión, sin flujo de dinero, no hay armas, no hay logística, no hay corrupción que sostenga estructuras delictivas. Casos recientes han demostrado que el bloqueo de cuentas puede desarticular redes completas sin necesidad de operativos espectaculares.

Sin embargo, esta decisión también abre un debate legítimo sobre los límites del poder del Estado en un país con antecedentes de abusos de autoridad y cualquier ampliación de facultades debe ir acompañada de contrapesos efectivos.

La clave, entonces, está en el equilibrio. La medida puede ser una herramienta poderosa contra los delitos de cuello blanco y el crimen organizado, pero su legitimidad dependerá de su uso responsable. El derecho de audiencia posterior y la posibilidad de impugnar judicialmente los bloqueos son elementos indispensables, pero deberán garantizarse en la práctica, no sólo en el papel.

Estamos ante la oportunidad de fortalecer el sistema financiero y cerrar el paso al dinero ilícito, y la resolución de la Corte apunta en esa dirección. Pero como toda herramienta de poder, su verdadero impacto no dependerá sólo de su existencia, sino de cómo se utilice. En la lucha contra el crimen, seguir el dinero puede ser la estrategia más eficaz.


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