Diego Varela de León
Tal como lo hemos asentado en distintos esbozos el tema tan controvertido de cómo alcanzar los niveles de seguridad y esa paz tan anhelada por unos y otros, lo cual en el pasado se hizo con estrategias bastantes cuestionada ya que el signo distintivo fue el de atacar la violencia con más violencia, un error por demás fatal, de lo cual sin duda desembocó en una oleada de violencia que permeó en todas las edades y estratos sociales, sin dejar de señalar que el grupo más afectado fueron nuestros jóvenes tanto por el tema de las adicciones, igualmente por ser integrados en ocasiones de manera voluntaria como obligada a ser miembros de los grupos de la criminalidad, igualmente se dejaron de atender las causas y los factores que generan violencia y conductas delictivas, amén de que nunca hubo una verdadera justicia social que se reflejara en términos reales de justicia y desarrollo social que atendiera las grandes asimetrías sociales.
Para entrar un poco en el contexto de la historia en un periodo relativamente corto en ambos conceptos, después de la Segunda Guerra Mundial fue cuando surgieron de manera formal los estudios para la paz con el propósito de dar respuesta al interrogante de: ¿Cómo hablar de paz sin hacer referencia a la guerra? Y muchas de las respuestas hicieron planteamientos multidimensionales a fin de incluir aspectos como cultura, económico, social y político entre otros, de tal suerte que autores como Galtung han escrito acerca de la paz desde una perspectiva multidisciplinaria, en el mismo sentido y terminado este conflicto social que marcó un antes y un después en la historia de la humanidad, en 1948 se acuñó la carta de los derechos humanos donde en dicha declaración se sostiene que: “la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento a la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana” de igual forma en el artículo 3/o señala que: “Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona”.
De lo anterior se desprende que la paz es un medio para alcanzar el desarrollo social, pero ello requiere de la seguridad, y desde la perspectiva de los estudios para la paz, un modelo de seguridad debe estar basado en la prevención y no el combate, la reacción y represión, y para garantizar el éxito de la seguridad, es pues sumamente necesaria la reconstrucción del tejido social, y por ello nosotros como ciudadanos debemos estar en todo involucrados con el propósito de que exista una seguridad eficaz y duradera, y estas características son pieza fundamental de la seguridad lo cual incluye en sí misma la participación social, pues la seguridad y la paz se logran a condición de realizarse de manera conjunta.
Entonces pues, no puede haber paz sin seguridad, lo cual nos refleja la idea de que la seguridad es fundamental para lograr la paz, pues la paz y la seguridad están interrelacionadas, amén de que la falta de desarrollo puede alimentar conflictos y asimetrías sociales, lo que a su vez puede perpetuar la inseguridad, de tal suerte que la justicia social, seguridad social y la prevención son esenciales para logra una sociedad pacifica ya que la falta de acceso a estos derechos pude llevar a la violencia e inseguridad, de tal suerte que la paz duradera requiere de un desarrollo sostenible, constante y acelerado y por supuesto de la protección de los derechos de las personas, por tal virtud la paz no puede existir sin un entorno seguro, justo donde se respeten los derechos y se promuevan la inclusión social.

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