DE RECHAZADOS A UNIVERSITARIOS, LA REVOLUCIÓN SILENCIOSA

Saúl Monreal Ávila

Por años, en México se habló de la educación como un derecho, pero se ejerció como un privilegio, durante décadas, miles de jóvenes fueron rechazados de universidades, obligados a truncar sus sueños no por falta de talento, sino por falta de espacios. Hoy, esa historia comienza a cambiar de raíz, y no es discurso, son hechos.

Desde 2018, bajo el liderazgo del presidente Andrés Manuel López Obrador, y ahora con la continuidad del proyecto encabezado por la doctora Claudia Sheinbaum Pardo, México ha emprendido una de las expansiones educativas más profundas de su historia reciente.

Ahí están los datos: más de 200 nuevas sedes universitarias a través de las Universidades para el Bienestar Benito Juárez. Planteles en comunidades donde antes simplemente no existía la posibilidad de estudiar una carrera. Municipios olvidados que hoy tienen aulas, maestros y jóvenes formándose sin tener que migrar o endeudarse.

Esto no es menor, esto es justicia social, porque la Cuarta Transformación no se limita a programas sociales o políticas económicas; su esencia radica en cambiar el paradigma del acceso a los derechos. Y en ese sentido, la educación ha dejado de ser un filtro excluyente para convertirse en una palanca de igualdad.

A este esfuerzo se suma la consolidación de nuevos modelos educativos como la Universidad Nacional Rosario Castellanos, que amplía la cobertura con una visión incluyente, moderna y vinculada a las necesidades del país. No se trata solo de abrir escuelas, sino de construir oportunidades reales. En el nivel medio superior, aunque el crecimiento no se mide únicamente en número de planteles, también hay avances significativos: nuevas preparatorias, ampliaciones y la creación de cientos de miles de espacios para jóvenes que antes quedaban fuera. Porque tan importante como abrir universidades es garantizar que más estudiantes lleguen a ellas.

Este conjunto de acciones representa un cambio estructural. Durante años, los gobiernos apostaron por la contención, limitar el acceso bajo el argumento de la calidad. Hoy, el enfoque es distinto, es ampliar sin excluir, crecer sin abandonar.

Y sí, hay quienes intentan minimizar estos logros, argumentando que no todas las sedes cuentan con infraestructura completa o que el crecimiento ha sido acelerado. Pero olvidan algo fundamental, que nunca antes se había hecho tanto, en tan poco tiempo, por quienes históricamente fueron ignorados. Hoy ponemos primero a quienes siempre estuvieron al final de la fila. Y en educación, esto se traduce en abrir puertas donde antes solo había muros.

En este movimiento miles de jóvenes que en otro tiempo habrían sido rechazados, están en las aulas, están estudiando medicina, ingeniería, derecho; están construyendo futuro, y con ello, están transformando al país.

Porque cuando se invierte en educación, no solo se forman profesionistas: se siembran generaciones enteras de ciudadanos libres, críticos y comprometidos. ese es el verdadero alcance de esta transformación.


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