Saúl Monreal Ávila
En el debate público mexicano se ha vuelto recurrente escuchar a ciertos sectores de la oposición pronosticar crisis económicas inminentes, fuga de capitales y un supuesto aislamiento internacional de nuestro país, desde tribunas mediáticas y políticas se ha construido, durante años, una narrativa que intenta presentar a México como un territorio adverso para la inversión, víctima, según ellos, de decisiones equivocadas del proyecto de transformación que hoy gobierna; sin embargo, una vez más, la realidad los abofetea.
La reunión sostenida por la presidenta Claudia Sheinbaum con una amplia delegación de empresarios de los países nórdicos es una muestra contundente de que México continúa siendo un destino estratégico para el capital productivo internacional, no hablamos de empresas menores ni de inversiones marginales, se trata de corporaciones globales con presencia en decenas de países y con un peso determinante en sectores clave de la economía mundial.
Entre las compañías presentes se encuentran AstraZeneca, Ericsson, Nokia, Volvo y The Lego Group, firmas que representan liderazgo global en innovación tecnológica, industria farmacéutica, telecomunicaciones, manufactura avanzada y desarrollo industrial. Su interés en ampliar o fortalecer inversiones en México no es producto de la casualidad ni de gestos diplomáticos, es resultado de un análisis económico profundo sobre dónde existen condiciones reales para crecer.
Esto es particularmente relevante en el contexto actual de la economía mundial. Las tensiones geopolíticas, la reorganización de las cadenas globales de suministro y la búsqueda de nuevas plataformas de producción han generado una competencia intensa entre países para atraer inversión extranjera. En ese escenario, México aparece como una opción estratégica por múltiples razones: su cercanía con el mercado de América del Norte, la solidez de su mercado interno, la estabilidad macroeconómica y la creciente capacidad industrial que se ha consolidado en las últimas décadas.
Lo paradójico es que mientras estos grandes corporativos globales toman decisiones basadas en datos, indicadores económicos y proyecciones de largo plazo, en el debate político interno todavía persiste una oposición que insiste en promover una visión catastrofista del país. Es la misma derecha que durante años defendió un modelo económico que concentró riqueza, debilitó al Estado y generó profundas desigualdades sociales. Hoy, desde la crítica fácil, pretenden presentarse como guardianes de la estabilidad económica.
La presencia de una de las delegaciones empresariales nórdicas más importantes que haya visitado México confirma que el país no está aislado ni cerrado al mundo. Por el contrario, México continúa ampliando sus vínculos económicos con regiones estratégicas como Europa, fortaleciendo al mismo tiempo su papel dentro de las cadenas productivas globales.
Por eso resulta fundamental desmontar la narrativa pesimista de la derecha, México no es el país que algunos quisieran retratar para fines políticos. Mientras ellos siguen apostando al fracaso de la nación para obtener rédito político, la realidad económica continúa demostrando que México avanza.

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