Diego Varela de León
Para hacer un poco de historia nos remontamos a 1876 cuando Cesare Lombroso en su teoría acerca del delincuente nato, según la cual el delincuente nace y exhibe marcados rasgos físicos tales como ojos pequeños, cejas tupidas, nariz torcida, frente pequeña, labios gruesos, parpados hinchados, mandíbulas robustas y encorvados, entre otros rasgos fisionómicos en función de la propensión a delinquir, y que sin duda daba como resultado el clasismo criminológico lo cual conducía a la teoría del etiquetamiento que dicho sea de paso en aquel momento de la historia aun no era acuñada por su autor el sociólogo Howard S. Becker en la década de los 60s, y que dicha teoría del etiquetamiento aún muy marcada en nuestros días, en todos los grupos sociales.
Así el clasismo criminológico representado por la criminología positivista, obtuvo sus créditos en la emotividad de la población y el control social formal, por cual el Estado necesitaba de una racionalización para jurídica útil para justificar una mayor represión selectiva y dirigida exprofeso con una realidad penal como mito, según el cual el delincuente sigue teniendo mayormente las características de horrible, pobre, grotesco, y de clases sociales ínfimas, con problemas de salud mental, además carente de educación y con fallas hereditarias o aberraciones genéticas, y se ha demostrado con otros estudios y teorías que no es tal cual, pues el delito o la criminalidad no son exclusivos de clases sociales, ya que se da en todos los estratos a través de los tiempos y en cualquier sistema político, y que en variadas ocasiones ha quedado de manifiesto que quienes más violan el derecho son aquellos que tienen el poder penal y político de su parte, que por ende entre otras cosas se dilucida que el derecho penal no sea la única solución al problema de la criminalidad, es decir una simple respuesta a los síntomas como mero paliativo y no a las causas.
Avanzado el tiempo y los diferentes estudios y teorías sociológicas, psicológicas y criminológicas y en descargo de lo anterior, en 1949 Edwin Sutherland sociólogo norteamericano en su teoría del Delito de Cuello Blanco, desmitificó que el tema de la criminalidad no se sostenía de las teorías lombrosianas pues no se trataba de que el delito se remitiera a clases sociales, pues también había infractores de “reputación respetable” y de alto estatus en el ejercicio de sus actividades empresariales o institucionales, lo que a su vez y con el tiempo se lograron desmitificar, y en la práctica cotidiana que el delito es más un status asignado a ciertas personas, por medio de la selección de los bienes protegidos legalmente, los comportamientos ofensivos, y de la elección de los individuos estigmatizados entre todos los que cometen infracciones, que en una cualidad ontológica de ciertas conductas humanas y determinados individuos, e igualmente en su teoría de la asociación diferenciada argumento que los delitos son conductas aprendidas, obras que sin duda cambiaron la forma en que se entendía la criminalidad en la sociedad.
La nueva criminología con sus incontables estudios, instrumentos y teorías debe ofrecer posibilidades de resolver socialmente tanto las causas y los factores en cuestiones fundamentales de estudio y prevención, trascendiendo las teorías estructurales abstractas o idealistas y neutralizando las desigualdades de riqueza, poder, bienes y posibilidades vitales, donde además de los síntomas se atiendan las verdaderas causas y factores del delito, y ello tienen que ver necesariamente con la justa satisfacción de las necesidades básicas de los ciudadanos, basada en las asimetrías sociales mediante la equitativa distribución de la riqueza, la igualdad de oportunidades en todas los quehaceres humanos, ante la ley y ante quienes aplican la ley, entre otros resortes socio económicos estructurales, y obviamente que hay más causas individuales que por más que mejorara la estructura socio económica no desaparecería la conducta desviada, sin embargo estas son cuantitativamente minoritarias y se pueden prevenir si se detectan a tiempo, por lo que la prevención y el control de la criminalidad si tiene que ver con las causas estructurales socioeconómicas cuya mejora originaria una reducción de la criminalidad, e igualmente habrá que decirlo que quizás sea más efectivo para impedir drásticamente el desbordamiento de los crímenes mas no su eliminación, requiriéndose una adecuada evolución del hombre y no su involución paradójicamente en medio del avance de la ciencia y la tecnología a través de su educación en valores éticos que por supuesto tienen más fuerza que un robusto Código penal.

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