Diego Varela de León
“El Estado surge como un mal necesario a fin de garantizar paz y seguridad, así como para terminar con el estado natural de guerra perpetua entre los hombres” (Thomas Hobbes). Y bajo esta premisa de Hobbes cabe preguntarse dónde está el gobierno de Sinaloa, que dicho sea de paso de algunas décadas atrás dicho estado vive bajo fuego, zozobra, desasosiego y desolación por la pugna entre grupos de la delincuencia organizada, y dicho gobierno pareciera en la inacción para garantizar a la sociedad lo que por plexo normativo y derecho humano, el propio estado debería de ser garante de paz y seguridad.
El día 23 de enero un grupo armado irrumpió en el campamento de la empresa canadiense Vizla Silver en el municipio de la Concordia, Sinaloa, y secuestró a un total de 14 personas, de las cuales 10 trabajaban para dicha empresa y 4 más para la empresa CICAR S.A. de C.V. entre las personas secuestradas incluían ingenieros, geólogos, y personal de seguridad, todas las personas vinculadas a ambas empresas en un proyecto minero en su fase de exploración.
Dados los hechos las autoridades de la fiscalía del estado de Sinaloa iniciaron con las carpetas de investigación logrando algunas detenciones de personas vinculadas a un grupo criminal denominado “los chapitos”, igualmente ubicaron una fosa clandestina con restos humanos, dicha fosa fue localizada entre las comunidades rurales El Verde y Zamora, del Municipio de la Concordia, Sinaloa, a unos 85 kilómetros de Mazatlán y a unos 285 kilómetros de la capital de Culiacán, donde se dilucidó que algunos cuerpos pertenecían a los mineros privados de su libertad, y el domingo se confirmó que tres de los cuerpos hallados son de quien en vida llevaban por profesión y nombre el Ingeniero José Ángel Hernández Vélez, de 37 años de edad y originario del estado de Zacatecas, así como José Manuel Castañeda Hernández, de 43 años de edad, y originario del estado de Guerrero, así como Ignacio Aurelio Salazar.
La violencia que se vive en el estado de Sinaloa ha ido en escalada llegando a niveles por demás escandalosos y que por más halagüeños que sean los discursos del gobernador Rubén Rocha Moya, dichos recursos no tienen los recursos que los amparen, pues tratan siempre de ocultar y matizar la violencia que se ha vuelto el pan de cada día presente en la cotidianidad social de ese estado, y pareciera que están ante un estado de guerra por que la inseguridad no solo es una percepción o una nota periodística, es un escenario galopante y en escalada que pareciera que nunca terminara, porque día con día se les está arrebatando la vida arteramente a niños, jóvenes, mujeres y hombres de todos los estados sociales.
Sirva la presente colaboración en primero lugar de reclamo a quien encabeza el gobierno de Sinaloa que no ha sido capaz de garantizar seguridad y paz a sus propios habitantes y a las personas que por diferentes motivos visitan o viven temporalmente dentro de esa demarcación, y para el caso que nos ocupa el de los trabajadores de las mencionadas empresas que salieron de sus estados natales con el único propósito de trabajar y superarse, además de brindar mejores condiciones a sus familias y en vez de lo anterior encontraron la desolación en manos de arteros criminales que les arrebataron la vida.
Sea pues un llamado a la conciencia y a la acción del gobierno del estado de Sinaloa, para que en el marco del plexo normativo haga y utilicen todos los recursos humanos y materiales, todos los medios y modos disponibles para atacar el mal de la inseguridad que aqueja a esa región de nuestro país, y tal vez se pudieran preguntar el porque estamos tratando el tema del estado de Sinaloa, en primer término por conciencia social, y en segundo término por solidaridad de nuestros paisanos zacatecanos a quienes en dicho estado les arrebataron la vida, y aunque sabemos que no hay palabras que puedan excusar o mitigar tanto pesar ante la pérdida de un familiar o ser querido, sea nuestro más sentido pésame y solidaridad a las familias, amigos y compañeros de trabajo de los ingenieros zacatecanos, elevando nuestras plegarias para una pronta resignación y recuperación espiritual y emocional.

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