Saúl Monreal Ávila
Hace apenas dos días recordamos la Marcha de la Lealtad, pero ¿Qué significa esto?, pues verán amigas y amigos, el 9 de febrero de 1913 quedó inscrito en la historia nacional como uno de los momentos más dignos del México republicano. Ese día, en medio de la traición y la incertidumbre que marcaron el inicio de la Decena Trágica, el presidente Francisco I. Madero fue escoltado por los cadetes del Heroico Colegio Militar desde el Castillo de Chapultepec hasta el Palacio Nacional. Aquella caminata no fue un simple traslado: fue un acto profundo de lealtad a la investidura presidencial, a la Constitución y al mandato popular, Jóvenes formados en el honor militar decidieron acompañar al jefe del Estado en defensa del orden legal frente a la amenaza del golpe.
La historia también nos recuerda el contraste, Victoriano Huerta, quien había jurado lealtad al presidente (y a su país), traicionó su palabra y encabezó el golpe de Estado, y el entonces embajador de Estados Unidos en México, Henry Lane Wilson, intervino abiertamente en la crisis política, respaldando acuerdos que vulneraron la soberanía nacional, aquellos días evidenciaron que cuando la ambición y los intereses extranjeros se colocan por encima de la voluntad del pueblo, la democracia se debilita y la patria se pone en riesgo.
Hoy, más de un siglo después, la Marcha de la Lealtad no es una ceremonia vacía, es una enseñanza viva, para quienes formamos parte de Morena y del gobierno de la transformación, la lealtad no es sumisión, es convicción democrática; es la defensa firme de las reformas constitucionales que han ampliado derechos, fortalecido la justicia social y recuperado la rectoría del Estado en favor de las mayorías, nuestra lealtad está puesta en el pueblo de México, en su decisión expresada en las urnas y en la construcción de un país más soberano e igualitario.
Frente a ello, hay sectores de la derecha conservadora que miran con complacencia cualquier intento de presión externa o condicionamiento en materia de seguridad y política económica, se entusiasman con la idea de que decisiones estratégicas dependan de la dureza o de los intereses del presidente estadounidense en turno, por eso ellos, los conservadores con esa postura no pueden, ni podrían nunca celebrar la Marcha de la Lealtad, porque la lealtad auténtica implica defender la soberanía sin titubeos.
Conmemorar este episodio es reafirmar que México no se arrodilla ante intereses ajenos ni traiciona su mandato popular, así como aquellos cadetes caminaron al lado de Madero en defensa de la legalidad, nosotros caminamos hoy junto al pueblo en defensa de la transformación y de la dignidad nacional.

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