Prevención, conducción y orientación de la conducta de las y los niñas, niña y adolescentes

“PREPARA A TU HIJO PARA EL CAMINO, NO LE PREPARES EL CAMINO”

Diego Varela de León

Sin lugar a dudas ni temor a la equivocación y si acaso es el anhelo de todas y todos, que creo que lo es, tenemos que hacer cambios significativos o afianzar los que estamos haciendo en la conducción y orientación de las conductas de nuestras hijas e hijos, pues es de suma importancia crear conciencia en las niñas, niños y adolescentes, y es precisamente en el tema de la prevención de las conductas antisociales que tenemos que echar mano de todas las herramientas que tengamos a nuestra disposición donde debe de quedar claro que son en primer término para nosotros mismos y por supuesto la idea de ayudar, conducir y orientar a nuestras hijas e hijos, amigos, alumnos, vecinos, familiares, etc., es decir a todos nuestros congéneres, porque la prevención inicia conmigo, contigo, la prevención la hacemos todas y todos, y un punto importante a pesar de todas las entropías sociales de las que nos damos cuenta a través de los distintos medios de comunicación, será no perder la esperanza en que juntos como sociedad e instituciones se pueden mejorar significativamente las circunstancias en las que por momentos atraviesa nuestra sociedad en varias latitudes de nuestro país, y para ello es de suma importancia el adquirir conocimientos y habilidades necesarias para aumentar nuestra esperanza y optimismo mismos que nos permitirán incrementar nuestro bienestar psicológico y satisfacción en nuestra vida cotidiana.

Pero que es la Esperanza y entre tantas cosas podemos decir que es el estado de ánimo en el cual nos presenta como posible lo que deseamos, es un sentimiento de deseo, expectativa o promesas, es creer que el mañana será mejor que hoy, confiar en un mañana con paz y prosperidad. La esperanza se cultiva cuando tenemos un objetivo en mente, la determinación de que un objetivo puede ser alcanzado con estrategias establecidas y con tácticas confiables, y solo las personas que expresan esperanza son aquellas que se dicen a sí mismas “CREO QUE PUEDO HACERLO” ”SE QUE LO PUEDO LOGRAR” tener esperanza es poder decir “Yo construyo mi propio mi presente y un mejor futuro” la pregunta es ¿Cómo puedo construir una esperanza en algo?

Y entre tantas cosas podemos decir que la esperanza se construye con nuestras creencias y conductas que delinean nuestras actitudes, Solo basta con una pequeña reflexión indispensable para ir completando las ideas que conforman el crecimiento en la resiliencia que definitivamente hacen la diferencia, tus creencias hacen que tú te conduzcas de una u otra manera, igualmente administra tu fe, organiza, piensa analiza y concluye en que vas a creer y cree firmemente en ello. La esperanza, más que un estado de ánimo es un sentimiento positivo que percibimos los seres humanos cuando tenemos la certeza de que las cosas van a salirnos bien. No es creer que los problemas son irreales, es estar convencidos de poder superarlos cuando los enfrentemos. Por supuesto, siempre con optimismo. Desde el punto de vista teológico, la esperanza es una de las tres virtudes divinas junto a la fe y la caridad. Santo Tomás de Aquino, el gran teólogo, la describe como el don que nos da la certeza de poder conseguir la vida eterna en el reino de los cielos. Es notorio que el optimismo y la esperanza, tanto desde el punto de vista laico como teológico, tienen su base en la espiritualidad del ser humano y, es cierto, no son iguales, pero una depende de la otra. ¿Es imposible vivir con esperanzas siendo pesimistas? Y la respuesta es NO.

Y que podemos decir entre tantas cosas que es el optimismo, y según Martin Seligman, el optimismo es una forma de pensar, un hábito mental que nos explica las causas del éxito o fracaso en el alcance de nuestras metas objetivos y propósitos, el optimismo es un estado de ánimo que provee fortaleza y autoconfianza, que nos inspira a luchar y a tener la seguridad de que podemos lograr lo que nos proponemos. Un optimista lo último que pierde es la esperanza. Ambas cualidades nos surten de fortaleza espiritual, nos convencen de que los sueños siempre están al alcance de la mano y que son posibles, cultivan en nosotros la convicción de que nunca seremos derrotados, por muy grande que sean los contratiempos; desechan lo negativo y nos permiten disfrutar de lo hermoso que regala la vida. Un ser humano optimista no se amaina ante los problemas, frente a ellos se muestra creativo, lleno de energía positiva y de buena vibra. En medio de este estado florece la esperanza y esta, a su vez, ensancha aún más los caminos del optimismo. Y comprobamos que una cualidad depende de la otra.

Y soy un convencido que, para conquistar el éxito, primero hay que conquistarnos a nosotros mismos, y luego hay que soñarlo, pensarlo y decretarlo, pero después hay que salir a buscarlo y luchar por los caminos de la vida, pero tenemos que intentarlo con una buena dosis de ambas cualidades. ESPERANZA Y OPTIMISMO, porque si digo YO SOY, YO TENGO, YO ESTOY Y YO PUEDO en ese momento estaré del otro lado del acantilado.

Y nunca es tarde para iniciar una nueva etapa en tu vida en la que ya no te permitirás ser la misma persona, después de haber sobrevivido a cientos de pruebas, ahora ante las nuevas y complejas adversidades, la vida adquiere un sabor diferente en la que cada adversidad contiene un potencial de aprendizaje para salir avante en todas las vicisitudes para la vida, saliendo de cada adversidad, fortalecido, tolerante y logrando vernos más capaces, más preparados y competentes para afrontar la vida, y esto y otras más herramientas son las que día a día les tenemos que transmitir a las niñas, niños y adolescentes.


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