Diego Varela de León
Cada 25 de noviembre de cada año marca el inicio de una campaña promocionada por la ONU, que consiste en 16 días de activismo que concluye el 10 de diciembre que coincide con el día internacional de la proclamación de los derechos humanos, en este año el tema de la campaña es “ÚNETE para poner fin a la violencia digital contra las mujeres y las niñas” enfocándose en la creciente problemática de la violencia en línea, a propósito de la violencia digital. Coincidente con el tema de violencia digital que sufrieran alumnas de la secundaria técnica número uno de la ciudad de zacatecas, donde lamentablemente varias jovencitas sufrieran de este tipo de violencia.
Una situación que nos remite a cientos de teorías, posturas y diatribas, en un tema por demás sensible y lamentable que nos duele aun cuando el dolor no se nos infrinja de forma directa, pues no debemos ni podemos mostrarnos ajenos e insensibles ante una situación que ya no deberíamos estar padeciendo a estas alturas de lo que supone estamos en un siglo de tanta información, conocimiento, avances tecnológicos y académicos, además de una supuesta culturalización que sin duda caracteriza a las sociedades de los países y que no escapa si son de primer mundo o de tercer mundo, pues de acuerdo a la epidemiologia mundial y de acuerdo a la Organización Mundial de la Salud, se calcula que en todo el mundo 840 millones de mujeres que representa que una de cada tres han sido víctimas de violencia física o sexual por parte de su pareja, y de violencia sexual fuera de la pareja o de ambas al menos una vez en su vida, esto es el 30% de las mujeres de 15 años o más, esta cifra que no incluye el acoso sexual, se ha mantenido prácticamente sin cambio en los dos últimos decenios, y los avances en la reducción de la violencia de pareja han sido muy lentos pues en dichos periodos con tan solo un 0.2% de descenso anual, igualmente los estudios al respecto nos indican que las tasas de depresión, trastornos de ansiedad, embarazos no deseados, infecciones de transmisión sexual y VIH son más elevadas entre mujeres que han experimentado violencia que entre las que no la han sufrido, al igual ocurre con muchos otros problemas de salud que pueden perdurar una vez que ha cesado la violencia.
El tema de la violencia contra la mujer ni siquiera deberíamos estarlo tratando por las premisas enunciadas en los primeros renglones pues debería ser un sumario total y llanamente superado, sin mencionar la divinidad de nuestra existencia que se debe precisamente al ser divino de la mujer creadora de vida y dadora de amor ilimitado a sus vástagos y supone estos en reciprocidad por la crianza y amor materno debería traducirse en una metamorfosis hacia el género femenino, por esos simples pero poderosos motivos, entonces la perorata seria como nos imbuyeron ese amor, respeto y veneración por el género divino de lo femenino, y lejos de que esto se ha traducido en un acto más de conmemoración, sea todo lo contrario por lo que es preciso que la sociedad haga acciones NO solo el 25 de noviembre fecha instituida como el día internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer, en homenaje a que en el año de 1960 tres hermanas dominicanas fueran violadas y asesinadas, debiendo traducirse en una tarea de todos los días.
La mayor vulnerabilidad femenina no solo se debe a causas físicas, que si bien suelen concentrar en la mayoría de los casos la mayor carga y responsabilidad en la crianza de los hijos, además por diferentes cuestiones culturales condensan las tareas hogareñas y mantienen una mayor dependencia y sumisión económica y culturalmente a los hombres, una mujer que abandona su “hogar” vivienda, infierno o delirio se encuentra en mayor riesgo que un hombre, y de acuerdo a las estadísticas se considera que las mujeres que dejan a sus abusadores tienen un 75% más de riesgo de seguir siendo abusadas o lo que es peor asesinadas por el abusador que aquellas que se quedan conviviendo.
Por ello esta voz y esta pluma condenamos y reprobamos todo acto de violencia e insensatez hacia la mujer, y decimos que no solo el 25 de noviembre de cada año, sino los 7 días de la semana, los 30 días del mes y los 365 del año, deberemos traducir nuestros dichos y acciones en el respeto irrestricto hacia el género divino de lo femenino transitando en las vías del entendimiento, comprensión, amor fraterno y respeto hacia las mujeres que son la divinidad creadora de vida y dadora de amor ilimitado.

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