Miriam Serrano
Cuando las decisiones de poder trastocan los derechos de varios, la voz se alza, la lucha se emprende y la defensa de los mismos se consuma.
Este proceso debería ser la ruta crítica a seguir cuando, quienes tienen la potestad que, en la antigua Roma tenía el emperador para decidir quién vivía y quién no, determinan a quiénes benefician y a quienes les pisotean sus derechos para cumplir con el compromiso adquirido con los primeros.
Y, en apariencia así procedieron los docentes de la Universidad Autónoma de Zacatecas que resultaron afectados en sus derechos laborales luego de que, de manera discrecional la administración central realizó más de 490 movimientos como pago a los compromisos adquiridos que le permitieron llegar al poder en esta nueva administración.
Esto provocó un despertar colectivo de cientos de docentes que se organizaron para alzar la voz, emprender la lucha y exigir el respeto a sus derechos, hasta ahí la acción fue loable.
La lucha organizada encaró a la autoridad universitaria acorralándola de tal manera, que no le quedó de otra que emprender acciones constitutivas del resarcimiento del daño, hasta aquí, parecía que la justicia existe.
Los primeros en recibir dicha justicia fueron los docentes de los diversos programas de la Unidad Académica de Preparatoria, quienes actuaron rápidamente para puntualizar cómo se debería resarcir el daño causado y fue a quienes primero se les resolvió.
Poco a poco fueron avanzando las negociaciones y los resultados Unidad Académica por Unidad Académica, dando una muestra clara de que la unión hace la fuerza y que la tan trillada justicia era una realidad.
Sin embargo, el paso del tiempo, el “avance” en la atención de los casos y el cansancio de quienes mantenían en pie la exigencia del respeto a sus derechos fue mermando la lucha, a grado tal que los últimos paros en los Campus II y Siglo XXI los llevaban a cabo dos o tres docentes, cuando el acuerdo inicial era que, independientemente de que se fueran resolviendo los casos, existiría un acompañamiento a quienes seguían a la espera del resarcimiento.
Durante el avance en las mesas de trabajo bilaterales, se comprometió la palabra y, para no variar, ésta no se respetó, pues los acuerdos iniciales que permitieron la desarticulación de la organización docente que mantenían los paros fueron cambiando y lo que en un inicio era un acuerdo de tiempo completo, terminó con el otorgamiento de tan sólo cinco horas, por poner un ejemplo.
La tan mentada cláusula 48 del Contrato Colectivo de Trabajo del Sindicato del Personal Académico de la Universidad Autónoma de Zacatecas vigente establece lo siguiente: “Todo trabajador académico tiene derecho a desempeñar en otras Instituciones, previa autorización de los Consejos de Unidad Académica respectivos y la Comisión del Sindicato que para tal efecto se designe, cátedra y otras labores remuneradas, siempre que el tiempo que dedique a éstas, sumado al que debe dedicar a la Universidad Autónoma de Zacatecas no exceda de cincuenta horas semanales”.
Ello significa que, si hay docentes que, actualmente laboran en la universidad y en otro espacio fuera de la misma y exigen más horas o el tiempo completo más 10, este movimiento no debe exceder las 50 horas que señala la cláusula en comento.
Pero al final terminaron haciendo una soberana marranada con las negociaciones, porque lo que prometieron, no lo cumplieron, los beneficiados discrecionalmente son intocables, se quedaron con su tiempo completo más 10 aunque en la función pública tengan también tiempo completo, chingándose al resto de docentes que, por méritos propios deben tener esos beneficios, pero no se los respetaron.
La mezquindad humana es una cruda realidad, lo que originalmente surgió como una exigencia colectiva, terminó desgranándose como la mazorca, pues como a tal o cual sí le cumplieron el compromiso establecido, los demás que se chinguen, al cabo ya no es mi problema; lo peor es que este comportamiento se ha convertido en una máxima de vida, una praxis que se le está enseñando a las nuevas generaciones como algo válido… AL TIEMPO.

Deja un comentario