Miriam Serrano
Cuando crees que lo has visto todo y que nada más puede sorprenderte, llega el cuarto informe de gobierno de David Monreal Ávila, “el día del gobernador”, donde la parafernalia, la fiesta y la intolerancia fueron los ingredientes principales, pero eso no es lo peor, lo es la soberbia con la que se conduce él y los suyos, pues “Zacatecas no lo merece”.
Lo sucedido en el puente peatonal ubicado frente a Ciudad Administrativa, ergo, el palacio de Convenciones, no tiene madre, la represión de la que fueron victimas las integrantes del colectivo Sangre de mi Sangre Zacatecas por tener la osadía de colocar su tejido rojo para visibilizar que en la entidad nos faltan casi cuatro mil desaparecidos, lo único que demostró fue la intolerancia, la insensibilidad y el abuso de un gobierno que no tiene como objetivo el bienestar de la sociedad que dirige, sino los intereses propios del poder.
Resulta inconcebible que, para la autoridad represora, era más importante retirar el tejido y retener, por no decir secuestrar al colectivo, incluyendo medios de comunicación en el puente, que permitir el acceso de personas, incluso de la tercera edad, que tenían la necesidad de cruzar el bulevar metropolitano.
De ese nivel es la insensibilidad, pues no les permitieron cruzar de forma segura por el puente peatonal, que, se supone para eso fue construido y los enviaron por la parte baja, exponiendo su vida, todo por la intransigencia y el interés superior de que no se les saliera del huacal a quienes estaban conteniendo para que no le echaran a perder el día de fiesta al gobernador.
No solo vimos el abuso y la represión, también la violación a la ley cuando, una patrulla de la Policía de Seguridad Vial Preventiva, sí, esa donde subieron el tejido rojo de la vergüenza, fue conducida en sentido contrario, porque parecía que la encomienda era de vida o muerte, no importando poder ocasionar un accidente, demostrando nuevamente que la integridad y la seguridad de los zacatecanos, les vale madre.
Y mientras todo esto sucedía, funcionarios, legisladores de los diversos niveles, titulares de organismos “autónomos” y comunicadores a modo, ni por enterados se dieron, pues era mucho más importante no moverse para aparecer en la foto con el gobernador y aplaudirle cada que daba una cifra sinsentido de los sendos avances que ha obtenido en beneficio de la sociedad, pero ya se les olvidó que “estábanos mejor cuando estábanos peor”, sólo algunos entenderán la ironía de éste último comentario.
Y la cereza del pastel fue la reacción tardía de una Comisión de Derechos Humanos del Estado de Zacatecas, que, tuvieron el mal tino de enviar un comunicado en el que “garantizaron” que, desde que se tuvo conocimiento del hecho, acudió personal de este organismo a “observar”, pero que no hizo ni madres para evitar la arbitrariedad de la que en ese momento era objeto el colectivo.
Y lo peor, que tuvieron que negociar con la Secretaría General de Gobierno, se logró que la red tejida por los familiares de personas desaparecidas fuera entregada a la comisión, que, a su vez, por humanidad fue entregada al colectivo, que aberración.
No hay manera de esconder la realidad que vivimos en Zacatecas, ni con discursos ni con represión e intolerancia podrán desaparecer a toda una sociedad que lo único que exige es paz y seguridad, aunque esto les incomode, nos siguen faltando cuatro mil… AL TIEMPO.

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