MIRIAM SERRANO
Cualquier muerte, por sí misma es dolorosa, pese a que tenemos claridad que es el destino de todo ser viviente, y, aunque los seres humanos somos seres pensantes, esto no es suficiente para aceptar tal destino, sin embargo, cuando muere alguien que apenas está empezando a vivir, y cuando esa muerte es derivada de una posible negligencia médica, eso sí que no tiene madre, por supuesto que me refiero al pequeño Liam.
De acuerdo a familiares que han sufrido una pérdida, en lo que va del año se han registrado al menos dos muertes derivadas de la aplicación de anestesia en acciones de cirugía en el ISSSTE; el argumento de las autoridades médicas fue que los fallecimientos ocurrieron por reacciones alérgicas al fármaco.
Resulta inconcebible pensar que un bebé pueda morir por sufrir una fractura, sí, una fractura, que, para su mala suerte requería intervención quirúrgica, un procedimiento por demás común dentro de los nosocomios, nadie imaginó que no saldría bien librado de la operación, ya que la aplicación de anestesia general le provocó muerte cerebral, según, por una reacción alérgica.
Sé de cierto, cuando les digo que la praxis médica en muchas ocasiones deja mucho qué desear, los pacientes nos convertimos en conejillos de indias, sí, muchas veces nos dejan en manos de médicos residentes y practicantes, evidentemente es para que aprendan, pero ese aprendizaje a veces cuesta la vida, sino, alguna lesión permanente.
En mi caso, he recibido al menos siete epidurales por diversas intervenciones quirúrgicas y la última no tuvo madre, cuando estaba en quirófano, los residentes me picaron la lumbares seis veces, sí seis, porque no le atinaban, fue doloroso y eso me generó miedo, al final, llegó el anestesiólogo, y luego de su respectiva reprimenda, me dijo: “señora usted disculpe” y me aplicó la séptima picadura, que fue la efectiva.
Me salió barato, pues por fortuna sus inexpertis no me dejó secuelas visibles, pero Liam no corrió con la misma suerte, el someterlo a una anestesia general para lograr operarle su pequeño brazo, le costó la vida.
Luego de este fuerte golpe a sus padres, vino el silencio de las autoridades del hospital, pues nadie les daba la cara y cuando cuestionaban, por supuesto que el trato no fue el mejor; desafortunadamente fue necesario manifestarse afuera de las instalaciones y algo que era particular se convirtió en una exigencia del Sindicato de Trabajadores de la Universidad Autónoma de Zacatecas (STUAZ) y digo desafortunado porque cualquier persona merece un trato digno y más cuando la vida de tu hijo está en peligro, pero no fue así, pues al final del día los administrativos del ISSSTE se dirigieron y dirigen a la titular del STUAZ, no así a los padres de Liam.
Evidentemente, como en todos los casos de esta índole se anuncia y pregona que el caso será investigado hasta sus últimas consecuencias, que ya está en manos de la Fiscalía General de la República (FGR) instancia que hará lo propio, pero, honestamente ¿Qué confianza podemos tener en las instituciones cuando una y otra y otra vez han demostrado que pueden más los acuerdos oscuros?
En tanto, a las autoridades médicas y administrativas del nosocomio no los sacan del discurso que la muerte obedeció a una reacción alérgica a la anestesia, algo que, por cierto se revisa antes de aplicarla, sino, imagínense cuantas muertes más se registrarían por esta causa.
Nada, absolutamente nada le regresará la vida a Liam, pero lo menos que se espera es que haya justicia por su muerte, ¿Quién responderá?… AL TIEMPO.

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