Miriam Serrano
Dicen por ahí que “a toro brincado, toro pasado”, así que ya nadie dice nada sobre el desastre que fue la aplicación del examen Ceneval en línea en la Universidad Autónoma de Zacatecas y menos sobre la implicación que este desastre tendrá en la vida de cientos de jóvenes aspirantes que, por cuestiones “técnicas”, pueden quedar fuera de la máxima casa de estudios, ¿a dónde irán?
Siempre lo he dicho, en la retórica suena “bien bonito” cuando se habla de la imperiosa necesidad de ver por el bienestar de la juventud, de buscar cómo arrancarla de las garras de los grupos delictivos, darles las alternativas mínimas indispensables para que tengan un futuro prometedor, alcanzable, real.
Y luego escuchas los sendos discursos de las autoridades educativas que destacan la importancia de la formación profesional de la juventud zacatecana, cómo la máxima casa de estudios alberga a miles de jóvenes en sus aulas con la finalidad de formarlos y brindarles las herramientas para que sean personas de bien.
Pero lo que no dicen es cómo van a resolver las “consecuencias” del desastre que provocaron con la abrupta decisión de cambiar la aplicación del examen presencial a en línea, sobre todo de las carreras de mayor demanda y peor aún, a sólo días de la aplicación del mismo, considerando que, en nuestro estado las condiciones económicas no son las mejores y hay miles de jóvenes que no cuentan con una computadora en casa, es más, hay quienes ni internet tienen.
Además, muchos de los aspirantes ni siquiera son de la capital o zona conurbada, son de municipios como Villanueva o Tabasco, por poner un ejemplo, donde hay zonas donde ni siquiera señal de celular existe y a cuatro días de la aplicación del Ceneval las autoridades universitarias cambiaron la dinámica y “decidieron” aplicar el examen en línea de las carreras de mayor demanda para “reducir el estrés en los jóvenes y padres de familia”, ¡Bah!
Evidentemente no sólo se requería una pinche computadora e internet, sino que la primera debía cumplir con sendas especificaciones establecidas por el Ceneval, claro, para que pudiera funcionar, pero este tipo de cosas se informan con meses de anticipación, es más, con semanas antes de la fecha fatal de la aplicación del examen, pero ¿Qué creen?, no lo hicieron.
Se llegó el frabulloso día y por supuesto que se registraron hartas dificultades técnicas para quienes presentaron su examen en línea, casos como el que la plataforma no dejaba ingresar a los aspirantes, u otros como el hecho de que, al estar presentándolo, inexplicablemente los sacaba de la plataforma y al intentar ingresar no podían ver si se había guardado lo avanzado, otros más donde el sistema marcaba la presencia de otra persona con el aspirante, y el etcétera puede ser interminable.
Casos como la carrera de medicina, tiene una demanda altísima, pues de mil 600 aspirantes, sólo 200 podrán ingresar, imagínense cuántos de esos aspirantes tuvieron dificultades técnicas con la aplicación del examen, qué garantía tienen sobre el hecho de que esas dificultades pueden ser cruciales para que pierdan la posibilidad de obtener uno de esos 200 espacios.
Ahora reproduzcamos ese ejercicio con todas las demás carreras de alta demanda en las que la aplicación del examen fue bajo el esquema en comento, los casos no fueron ni uno ni dos, fueron más, aun cuando sólo hubiese sido un solo caso, los aspirantes merecen que las autoridades universitarias les garanticen que ese tipo de problemas tecnológicos no afectará su ingreso, pero ¿Cómo hacerlo?, si ni ellos mismos tienen idea sobre el tema, pues todo lo dejarán en manos del Ceneval y, ahí, los resultados seguramente serán los que arroje el sistema, ojalá las fallas sean tomadas en cuenta, de lo contrario, ¿Qué pasará con los aspirantes que tuvieron problemas?, ¿A dónde irán?… AL TIEMPO.

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