HISTORIAS DESDE EL PENAL

                                      

 “Como toda niña tenía sueños, me imaginaba caminando por el Coliseo Romano, y descubrir algún misterio del Vaticano”

ENTREVISTA: LIC. MARTHA IMELDA LÓPEZ

EDICIÓN: DRA. YOLANDA ZAMORA

Soy Ema, nací en de mayo del 1987 en la Ciudad de México, antes de cumplir el primer año de vida nos mudamos a provincia; soy la mayor de tres hermanas y tengo tres medios hermanos hijos de mi padre.

La casa que habitábamos era modesta, tenía lo necesario para vivir bien, sin privaciones; mi papá era chofer de camiones y mi madre ama de casa, él era el proveedor mientras que mi mamá se dedicaba completamente a atendernos; aún siento añoranza al recordar cuando me llevaba el lonche a la escuela y el olor de la canela como bebida, me sentía segura. 

INFANCIA

En mi niñez, todo marchaba perfecto, crecía en un ambiente sano, afectivo y junto con mis hermanas sentía que no me hacía falta nada; esa vida de cristal cambió cuando un tío de mi madre, el soltero bonachón, el más querido por la familia frecuentaba nuestra casa y cuando yo tenía 5 años me sentó en sus piernas y se frotaba conmigo, tocaba mis partes íntimas y me inducía a tocarlo y, después de un rato me bajaba y me daba dinero; esto sucedió por 6 años. A mis padres les conté y aunque mostraron indignación no pasó de ahí, lo cual me causó molestia con mis papas.

En la adolescencia entendí que lo que mi tío me hacía era abuso sexual; me preguntaba ¿en dónde estaba Dios cuando abusaban de mí?   

USO DE DROGAS

Para cuando entré a la secundaria, ya me había librado de los abusos del tío, sin embargo, se presentó otra situación; mi papá tenía una relación extramarital y esperaba un hijo, al darse cuenta mi mamá, la casa se desmoronó, todo era gritos, insultos y golpes entre ellos. Me tocó el turno vespertino en la secundaria y como ya no tenía la atención de mi mamá, empecé a fumar y a tomar alcohol; llegaba después de varias horas de haber terminado las clases y borracha a casa, nunca se dieron cuenta. A los 15 años aún en secundaria, probé la cocaína.

JUVENTUD

Nunca me salí de casa de mis padres, pero mi juventud fue rebelde, difícil, me involucré con personas que no debía, me relacioné sentimentalmente con una persona con antecedentes penales y de esta relación nació mi hija en septiembre del 2008.

Con las personas que me relacioné, era fiesta, alcohol y droga a cambio los acompañaba a dejar “producto” a otros lugares, me pagaban; lo tomé como un trabajo. No dimensioné en que me esteba metiendo, tal vez normalicé lo que hacía.

CONFLICTOS LEGALES

La primera vez que fui a dar a la preventiva, fue porque la Policía Municipal me encontró tirada en la vía pública inconsciente embriagada, me llevaron a los separos y mi mamá fue por mí.

En una ocasión, me pidieron que acompañara a un individuo a recoger el rescate de un secuestro, llegamos y otro hombre también llegó, éste nos sometió, nos llevó por el resto de las personas que organizaron el secuestro en total éramos 4 hombres y yo, nos golpearon, nos torturaron por 8 horas y habían decidido matarnos, pero una llamada nos salvó de morir. Nos entregaron a agentes ministeriales y fuimos sentenciados por el delito de secuestro.  

Mi sentencia es de 25 años de prisión, de los cuales he pasado más de 13 años privada de mi libertad.

LA VIDA EN EL CERESO

Como ya referí, no dimensioné mis actos, hasta que llegué al CERESO; la vida es dura en un Centro de castigo, todo es restricciones, enfermedades por la comida, los horarios, las ubicaciones en las estancias. He tenido el tiempo suficiente para analizar mi vida, no me victimizo, pero si no me hubieran soltado mis padres, otra sería mi historia. También he estado en depresión pero gracias a los grupos de ayuda que acuden al CERESO me mantengo ocupada y la religión es mi gran apoyo. Trabajo y lo que percibo es para gastos personales y enviarle a mi hija algún presente.

En el presente año, solicitaré mis beneficios, ojalá sean aceptados para poder salir y claro que no recuperaré el tiempo, pero sí tener una relación cercana con mi hija.

Mi hija está con una de mis hermanas, sé que está bien, estudia nivel básico. Me siento tranquila, para mi hermana es una hija más. Lamentablemente, mis padres ya fallecieron, primero mi mamá, después de unos años murió mi padre; se fueron con el dolor de saberme en una cárcel, no me pude despedir de ellos. 

COMENTARIO.

Las mujeres en reclusión, son abandonadas, repudiadas no solo por la sociedad, sino también por la propia familia, llevando a cuestas un dolor muy grande, dejan hijos, padres, parejas, quienes no acuden a visitarlas argumentando falta de recursos, lejanía, lo que falta es voluntad.

Procuremos Justicia y no Venganza.


Descubre más desde MiriamSerranoNoticias

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.


Subscribe to my newsletter

Deja un comentario

Descubre más desde MiriamSerranoNoticias

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo